Uno de los cuatro hermanos arrestados ayer vive en la zona sur de la capital. En ese sector de la ciudad, justamente, fue donde se registraron los primeros ataques del violador serial.

Los barrios Alejandro Heredia, Ejército Argentino y Villa Angelina fueron los primeros en encender la luz de alarma.

Cuando se supo que un hombre pasaba en moto o bicicleta raptando niñas para luego abusar de ellas, decenas de vecinos se pusieron en campaña para tratar de atraparlo. Incluso, hubo días en los que esas calles estuvieron repletas de policías. Pero del violador serial no había ni rastros.

Casi en esa misma época, el delincuente atacó en Yerba Buena. La víctima, una niña de 10 años, había sido capturada al atardecer del 11 de marzo de 2008 por un hombre. La encontraron en un descampado. Los rastros de ADN permitieron saber, al igual que en todos los casos, que se trataba del mismo individuo.

De todas formas, esta causa llegó a manos de la fiscala Adriana Giannoni casi con un año de retraso, pues desde la comisaría de Yerba Buena no les enviaron la denuncia y el informe a la Justicia.

El depravado tuvo varios "períodos ventana". Los expertos denominan así al tiempo que pasa el hombre sin atacar. Hasta ahora, no le encontraron explicaciones a esta conducta.

El último ataque constatado científicamente fue perpetrado en Lastenia. El 20 de noviembre del año pasado, una niña de 11 años fue raptada a metros de su casa. Cuando se enteraron de lo que había ocurrido, los vecinos salieron a las calles y recorrieron junto a la policía varios barrios. Pero no la encontraron.

A la mañana siguiente, una mujer que caminaba cerca del puente Lucas Córdoba la escuchó sollozando, en estado de shock.

El fiscal Guillermo Herrera tuvo el año pasado el informe genético en sus manos. La pericia arrojó el mismo resultado que las anteriores.

Los cuatro hombres que fueron arrestados ayer no son los primeros sindicados por la Justicia como presuntos abusadores seriales. A lo largo de estos meses, se manejaron decenas de líneas investigativas en diferentes barrios de la provincia. Incluso, en un caso, se puso a la madre de una de las víctimas -que vio al hombre que raptó a su hija- frente a frente con un sospechoso. La mujer rompió en llanto y juró que era el depravado. Pero las pericias genéticas revelaron lo contrario.