Los gritos de la joven se escucharon en todo el recinto. Había salido del ascensor espantada y decenas de estudiantes se dieron vuelta para ver qué sucedía. Pero hasta que ella no encontró un sacerdote, no le relató a nadie lo que había pasado: un hombre, al que ella no conocía, la había manoseado mientras subía a uno de los pisos superiores.
El ataque, que causó conmoción ayer a la mañana en los claustros de la Unsta, en calle 9 de Julio al 100, ocurrió minutos antes de las 10. La joven -su nombre no se publica por el tipo de delito que sufrió-, ingresó a la universidad y rápidamente se dirigió hasta el ascensor ubicado a la derecha del pasillo central. Según informaron los investigadores luego, apretó el botón del tercer piso y cuando las puertas ya se estaban cerrando irrumpió un hombre de unos 45 años. "Buenos días", le dijo y luego, como para dar charla, le explicó que era profesor en la casa de estudios. Todo bien, hasta que sin decir nada se abalanzó sobre la estudiante y comenzó a manosearla. Ella reaccionó gritando y tratando de sacarse de encima al abusador, hasta que se abrió la puerta del ascensor y salió corriendo mientras pedía auxilio.
Interceptado
El pervertido no bajó, sino que esperó que las puertas se cerraran nuevamente y descendió. La joven, por su parte, corrió y le contó lo sucedido a uno de los sacerdotes, que dio la alarma. Personal policial que trabaja haciendo vigilancia en el lugar interceptó al hombre metros antes de que abandonara el edificio. En principio se resistió a los gritos, hasta que los agentes lo redujeron. Según se supo después, el acusado, de 45 años, no trabaja en la Unsta y habría ingresado al solo fin de atacar a una de las estudiantes.
La denuncia fue radicada en la seccional 1ª, y el hombre quedó a disposición del fiscal Alejandro Noguera, acusado de abuso sexual.