En mi niñez sabía de Alberdi por su Plaza (de donde salían los ómnibus para el interior); por la Escuela Normal, que lleva su nombre y ofrecía enseñanza piloto; por Villa Alberdi, en el sur; por la calle continuación de la José E. Colombres, por la Biblioteca y por el Club Alberdi. Recién en el secundario y en la universidad comprendí por qué una sola persona tenía tantas cosas con su nombre. Vi que pertenecía al selecto grupo de nuestros próceres, siendo él muy importante para la consolidación institucional de nuestro país luego de que se independizara de España.
Salir de un sistema monárquico y pasar a un régimen institucional republicano fue un proceso difícil, en el cual Alberdi hizo quizás su aporte más importante. La consolidación institucional que garantice los derechos fundamentales de los miembros de una sociedad constituye la base para la consolidación económica. O sea que sus Bases servían al doble propósito: institucional y económico. Una vez puesto en funcionamiento, ayudaron al país a tener una larga etapa de crecimiento fuerte y sostenido.
Alberdi fue un escritor muy prolífico y la economía ocupaba una parte importante de su pensamiento. Estaba preocupado por el desarrollo económico de Argentina y de Sudamérica. Hizo comparaciones bien atinadas con la experiencia norteamericana y europea. De allí identificó la relevancia de las instituciones y de los factores productivos como bases del progreso. Nuestra región, rica en tierra y pobre de capital y población, necesitaba impulsar la inmigración y la entrada de capitales. Por eso, era necesario proveer de las garantías necesarias para lograr tal atracción.
Pero así como pensaba que las instituciones eran muy importantes para impulsar la actividad económica, también sostenía que el libre comercio ayudaría a lograr una estabilidad política, no sólo dentro de un país sino entre naciones.
Su énfasis en la Constitución era por su rol para el desarrollo del país y no para fortalecer el Estado, porque ello llevaría a la negación del instrumento. Por otro lado, prefería que la distribución del ingreso resultara más de las fuerzas libres y de las decisiones individuales. Inmigración y educación, dos pilares del capital humano, tuvieron el fuerte apoyo de Alberdi, factores hoy de gran relevancia.
Colbert, Quesnay, Adam Smith y J.B. Say fueron algunos de los economistas que interesaron a Alberdi. Pensó que cada uno de ellos refería sus ideas de acuerdo al momento que atravesaban sus países, y que, por lo tanto, era necesario generar una teoría más general del desarrollo. Su preocupación fue más allá y trató de entender las disputas entre países y las fluctuaciones económicas.
El área de Política Económica, hoy muy dinámica, debiera contarlo entre uno de sus precursores. Para los tucumanos es ya parte fundamental de su patrimonio.