Él es un obstinado inventor que se pasa la vida intentando construir una bicicleta que vuele como los pájaros, para pasearse entre las nubes de Praga. Ella es una jovencita que desperdicia sus días esquivando al candidato que sus padres le eligieron. No se conocen, pero algo tienen en común: la necesidad de desafiar los preceptos preestablecidos (la naturaleza, uno; la voluntad familiar, otra) para torcer una realidad que no los convence. Y al final todo era tan simple como dejarse llevar por la ley que en este cuento de Jiri Srnec es la más fuerte de todas, la que vence al novio plomazo, al capricho de los padres y también a la gravedad. Porque a Barushek, el inventor, de nada le sirvieron el plano gigantesco y los músculos magullados de intentos. Al final, cuando se entregó al amor de Adelka, la bicicleta se elevó.
Una historia simple, vista, oída y quizás hasta vivida cientos de veces. Pero el sábado a la noche fue contada de manera tan magistral que el público debió abrocharse el cinturón y desde las butacas del Teatro Alberdi se montó a la bicicleta que hizo volar la imaginación junto a la compañía del Teatro Negro de Praga.
Con una estética caricaturesca, un humor ingenuo y con todos sus personajes adorables -ni siquiera al malo de la historia es capaz de despertar el repudio de la platea-, en el escenario de La Bicicleta Voladora hasta el más ínfimo detalle escenográfico cobra vida y adquiere su rol en la historia. La magia y la fantasía, entonces, se multiplican por cada rincón de un escenario sin piso ni cielo; la compañía de Srnec convierte el espacio escénico en un lienzo (en negro) en el que no existen los límites.
Son magos, mimos, payasos, acróbatas, actores, marionetistas y bailarines que se expresan en el lenguaje universal del cuerpo; no hay diálogos, y tampoco los necesitan para meter al público dentro de la historia: durante la hora cuarenta que dura la función, ni una mosca voló en la sala del Alberdi.
Chicos y grandes festejaron los gags absurdos con carcajadas y premiaron las destrezas con aplausos efusivos, en un teatro repleto a punto tal que fue necesario agregar una segunda función.
La obra, cuyo libreto, música y dirección pertenecen a Jiri Srnec, uno de los fundadores de la compañía nacida en 1961, fue la primera pieza que él escribió para este grupo y se ha convertido en un clásico del teatro negro. Se trata de la primera pieza que presentó una historia dramática en todo el espacio temporal, usando exclusivamente los medios de la técnica del gabinete negro. Como en "La bicicleta voladora", la compañía de Srnec no para de desafiar los órdenes establecidos, creando un mundo en el que los faroles bailan, el amor triunfa y el espectador... vuela.
Fantasías sobre ruedas
La puesta del Teatro Negro de Praga regresó para asombrar, una vez más, al público tucumano. Magia, acrobacias y marionetas para desafiar los órdenes establecidos y estimular la imaginación.
FINAL SENCILLO. Cuando se entregó al amor, la bicicleta inició su vuelo.