"Una guerra es la continuación de la política por medio de la fuerza; es un fenómeno sociopolítico, no es el combate como tal. Las guerras interiores son resultado de la disfuncionalidad de los sistemas políticos; entonces se recurre a la fuerza como salida de una situación. La guerra revolucionaria fue llamada la que se hizo contra la subversión como una no convencional, muy limitada", dijo Heriberto Auel.

El presidente del Instituto de Desarrollo Estratégico de Buenos Aires y de la Academia Argentina de Estudios Internacionales acusó a Fidel Castro de haber ordenado el despliegue subversivo en el país, con el objetivo de cambiar la Constitución para aplicar la cubana, sin derechos humanos ni civiles.

Auel acusó a la dirigencia política de entonces de no haber asumido la carga de sus decisiones. "Hubo 22.800 hechos de terrorismo hasta 1975 y 8.000 cuadros capacitados sólo en la Unión Soviética. Se dio la orden de aniquilamiento, que es la destrucción de materiales y hombres hasta lograr que la voluntad del oponente se doblegue. Dijeron: ?vayan y hagan lo que tengan que hacer?. No apareció la responsabilidad político estratégica, por lo que los antiguos comandantes y soldados están como criminales frente al tribunal", se quejó.

Guerra sin combates
Aclaró que el aniquilamiento debía darse sobre los hombres que habían tomado las armas contra el Gobierno, y que no se aplican las convenciones de Ginebra en los casos de conflicto dentro de cada país sino sólo en los internacionales. "Mientras la actitud hostil del agresor no cesa, sigue la guerra, como pasa actualmente sin combates. Los límites humanitarios deben estar en las leyes internas nacionales, pero no existe el vale todo, los soldados tenemos muy claro los límites. Los prisioneros son llevados a los lugares donde hay interrogadores; en todas las guerras, la inteligencia es un elemento importantísimo", destacó.

El experto en polemología (ciencia que estudia las guerras) remarcó que en Tucumán hubo operaciones decretadas por el Gobierno constitucional que se siguieron aplicando tras el golpe porque no se podía volver atrás. "Hoy vivimos una nueva etapa de la guerra, de cuarta y quinta generación, y contra el terrorismo mundial, donde no es posible la disuasión porque no tiene normas. La Argentina tiene 60 o 70 años de atraso conceptual, está anclada en el siglo XIX", aseveró.