La economía influyó en las elecciones de EEUU, pero no sólo ella, y en lo que sí tuvo que ver se advierte cómo pesan las percepciones. Algo que debe considerar el gobierno argentino, porque las noticias internacionales no son tan graves.
Cifras de EEUU: la tasa de desempleo para octubre 2026 fue de 4,1 por ciento, en línea con los valores del último año en lento descenso (noviembre 2025, 4,5 por ciento, aunque venía de cuatro en enero 2025 al asumir Donald Trump). Además, el PIB crece desde 2020 y en particular la tasa anualizada al tercer trimestre de 2026 indica 3,4 por ciento real. Sin embargo, la inflación presenta valores problemáticos dada la historia de EEUU: llegó a 3,7 por ciento interanual en septiembre. A eso se suma que pese a los buenos números en desempleo hay mucha desconfianza, lo que se advierte en una menor rotación laboral (las personas se arriesgan menos que antes a cambiar de trabajo) y así como hay pocos despidos también hay pocas contrataciones.
Tal vez parte de los problemas y su evaluación se deban al método errado de Trump para las relaciones económicas internacionales. La secuencia típica fue suba astronómica de tarifas a las importaciones, inicio de conversaciones para una baja aunque hasta un nivel superior al original, principio de acuerdo y luego rechazo de los acercamientos para ir a una nueva alza que según el país puede ser a un nivel superior o inferior al de su primera medida.
Los inconvenientes con esa actitud son, primero, las fricciones políticas. La diplomacia presidencial tiene problemas cuando no escucha a los profesionales. Eso mina tanto la confianza como el esfuerzo para justificar internamente los tratos con EEUU. Porque Trump no termina de entender que no negocia con otros empresarios, que casi siempre deciden solos, o con un alcalde, que incluso de una ciudad grande es débil frente a un multimillonario, sino con líderes de países con sus complejidades internas. Segundo inconveniente, los efectos en los precios domésticos. Aranceles mayores implican precios mayores tanto en bienes de consumo final como en insumos y bienes de capital. Con proteccionismo no se pueden tener mucho empleo tradicional y bienes baratos al mismo tiempo. Y uno más, la variabilidad. Los cambios descriptos ocurrieron en pocos meses ¿Cómo puede un empresario planificar, invertir o contratar si no sabe cuáles serán las reglas del comercio exterior?
Ahora, el resultado electoral en EEUU abona la desconfianza que se refleja en el riesgo país de Argentina. Pero de momento no es preocupante. Lo que complicaría al país sería la menor probabilidad de que haya dólares adicionales para calmar corridas, como en 2025, porque un Congreso de mayoría demócrata presionará con pedidos de informes al respecto, con su costo político. Formalmente no hay trabas aún, pero qué ocurra dependerá de las condiciones de política interna durante la segunda mitad de 2027.
Otro caso es Paraguay. Una frustración política para el gobierno argentino, pero hace falta cautela. Primero, no hay corralito; la restricción de retiro de depósitos alcanza un solo banco (aunque su clientela es la mitad de la población del país). Segundo, si la falla básica estuvo en la supervisión por parte del banco central, ¿por qué no dudar de la solidez de todas las entidades financieras? Aun así, la incidencia económica de Paraguay sobre Argentina es menor. El 41 por ciento de sus exportaciones son hacia Argentina, de donde le llega el seis por ciento de sus importaciones, pero el dos por ciento de las exportaciones argentinas son hacia Paraguay, proveedor del seis por ciento de las importaciones.
Para entender el riesgo país actual más bien debe pensarse en los indicadores económicos. Cuando se presente el dato de actividad de septiembre habrá dos trimestres consecutivos de baja y por lo tanto recesión según definiciones técnicas. Octubre mostraría una leve alza, pero por ahora pesan los meses de caídas, junto a la situación del consumo, la mora crediticia y que en 2027 vencerán (aunque difieren las estimaciones) 24.900 millones de dólares de deuda y en 2028 otros 20.000 millones. Y esto se suma a la suba de tasas de referencia que dispuso hace poco la Reserva Federal de EEUU complicando el financiamiento internacional.
Pero no se teme que Argentina, por las condiciones de hoy, no pueda pagar, sino por las condiciones de la Argentina que viene. Eso se advierte en el rendimiento de los títulos públicos (paralelos al riesgo país). Cuanto más se desconfía de un gobierno menos se quiere pagar por sus papeles y por lo tanto el rendimiento es mayor al computar lo que se cobrará. Bien, los que vencen en 2028 tienen un rendimiento seis veces mayor que aquellos a cancelar en 2027. Sí, una deuda más lejana debe ofrecer tasas mayores, pero una diferencia tan grande para un solo año se explica por el temor a un gobierno diferente.
El problema no es la política económica por sí misma sino de que tal como la valoran los ciudadanos la probabilidad de reelección de Milei disminuye. En Argentina hay datos positivos, como que la mora de hogares se estancó, la actividad de construcción aumentó y también la recaudación real mientras la inflación sigue bajando. Pero los votantes estarían mirando otra cosa. Entonces, el oficialismo debería prestar atención a qué interesa a los votantes; no hacer seguidismo sino priorizar lo que pueda verse como positivo. Por ejemplo, que el Banco Central deje de esterilizar la emisión por la compra de dólares así la mayor oferta de dinero presione a la baja la tasa de interés del crédito o negociar con los gobernadores proyectos de largo plazo en vez de intercambios puntuales de dinero por votos parlamentarios.
Las elecciones en Brasil, Israel y EEUU y la situación en Paraguay no tienen por qué afectar la economía argentina. Pero depende del gobierno neutralizar los temores sin base.