Además de discursos oficiales de ceremonias con alocuciones de arzobispos, párrocos y presidentes, frente al líder de la Iglesia Católica y a una concurrencia de cientos de asistentes también se presentaron vecinos corrientes. En la visita del papa León XIV a la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Casavalle, en el barrio de Borro, Montevideo, tres personas dieron su declaración frente al Sumo Pontífice. Entre ellas estuvo Angélica Ferreira, íntima amiga del padre Ruben “Cacho” Isidro Alonso en el vecindario de Plácido Ellauri, quien fue el sacerdote católico uruguayo que en 2017 comenzó su proceso de canonización.

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Sentado en el escenario y frente a una multitud instalada en uno de los barrios más humildes de Montevideo, el papa León XIV escuchó las vivencias de los fieles que se acercaron al estrado. Las alocuciones fueron presentadas como relatos de “las vidas de hombres y mujeres que han sido transformadas por la experiencia de Dios y la cercanía de la Iglesia”. Allí se turnaron Angélica Ferreira, Katherine Silva y Alan Bertaco, en el histórico encuentro social frente al papa León XIV.

Ferreira, de 77 años, fue íntima amiga del Padre “Cacho”; un cura que abandonó la vida convencional para instalarse de lleno en un asentamiento pobre en la zona de Plácido Ellauri, en el límite con Casavalle. La mujer se colocó detrás del atril y representó la memoria viva del hombre que cambió aquella comunidad. Ferreira expuso al Papa y al público cuál fue el legado social de su amigo. La referente detalló cómo era el día a día junto a un hombre que estableció un vínculo íntimo con los recolectores de basura.

El testimonio de una gran amiga con un pedido directo al Pontífice

“Mi nombre es Angélica, vivo en el barrio Plácido Ellauri y vengo a traerles la memoria viva de un amigo entrañable, de nuestra gente, un hombre de Dios: Isidro Alonso, el padre ‘Cacho’”, anunció la mujer que “reparte bizcochos” y vive en el “pasaje de los tiros”, donde hace unos días hubo una balacera.

Frente al estrado contó cuál era la cotidianeidad junto al hombre de fe que radicó su vida en un cantegril, comprometido en lograr una vivienda y condiciones de vida dignas, así como trabajo estable para los clasificadores de desechos que allí viven. “Con muchas vecinas y vecinos caminé a su lado, compartiendo el mate, el silencio, la fe y las preocupaciones y los sueños por una vida más digna en nuestros barrios”, agregó.

Angélica contó cómo se transformó el barrio con el Padre Cacho 

En su discurso, visiblemente conmovida, Angélica profundizó en la impronta de aquel sacerdote de mirada transparente: “El Padre Cacho era un hombre sencillo, de mucha escucha, de hablar pausado y de mirada limpia. En sus ojos descubrimos la ternura de Dios. En un humilde ranchito de chapa y cartón, como todos los que se levantaban en medio de la basura, eligió hacerse vecino”.

La referente comunitaria explicó cómo esa presencia renovó de raíz el tejido social del asentamiento: “Vino a encontrarse con Dios y nos ayudó a ver a aquel que puede cambiar el amor, la gente en vida y la negación en esperanza. Nos enseñó a trabajar juntos, a reconocer nuestra dignidad y defenderla, a confiar en Dios y en nosotros, a construir comunidad. Transformamos un barrio, pero sobre todo reestructuramos nuestro corazón”.

El pedido de Ferreira por la dignidad para los clasificadores

Ferreira resaltó el valor simbólico y real del trabajo del sacerdote entre los clasificadores: “Nos enseñó que Cristo se sienta a nuestra mesa, habla nuestro propio idioma, viaja en el carrito del clasificador con su entrega, cariño y compromiso. Devolvió la dignidad a quienes la sociedad había vuelto invisibles”. 

Sobre el final de su intervención, Angélica tradujo el sentir de todo el barrio en un pedido directo al pontífice: “Por eso, Santo Padre, le manifiesto el anhelo de muchos: que el Padre Cacho sea proclamado santo de las periferias y faro de esperanza para los descartados. Porque en el pobre reside la esperanza de un mundo nuevo. Allí va a nacer, allí está naciendo”.

Quién es Angélica Ferreira, la histórica vecina de Plácido Ellauri

Para los vecinos de la zona de Marconi y Plácido Ellauri, Angélica Ferreira no necesita presentación. A sus 77 años, es una referencia ineludible en el "pasaje de los tiros", una de las zonas golpeadas por la violencia territorial entre bandas. Pese a la dureza del entorno y los tiroteos cotidianos, Ferreira camina por el sector respetada por jóvenes y adultos. Con una sonrisa constante, reparte bizcochos y mantiene las puertas de su casa abiertas, negándose rotundamente a abandonar el lugar donde crió a sus hijos y tejió su vida.

Su vínculo con el Padre Cacho se transformó en una amistad indestructible desde el primer día en que el cura llegó al lugar, segpun contó en un artículo de El Observador. Sentados sobre piedras a la vera del bulevar Aparicio Saravia, compartían confidencias, mates y las angustias de una comunidad golpeada por la marginación. Angélica fue testigo directa de las persecuciones, agresiones y dolores que sufrió el sacerdote por involucrarse con los postergados. Integrante del grupo Memoria Viva del Padre Cacho, Ferreira sostiene firme su convicción sin importar los tiempos de los procesos vaticanos: "Cacho es más que un hombre, es un santo, lo santifiquen o no".