En la Argentina se registra un crimen de odio contra la comunidad LGBTQ+ cada 38 horas. La estadística, elaborada por el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio de la Federación Argentina LGBT (FALGBT), cobra un rostro dramático tras la reciente viralización de un ataque en manada cometido por un grupo de adolescentes contra mujeres trans que trabajaban en los bosques de Palermo.
El episodio, grabado y difundido en redes sociales por los propios agresores, expone un escenario de violencia física y digital que coincide con un incremento del 62% en las agresiones reportadas en todo el país durante el último año.
Lali Espósito, María Becerra y Emilia Mernes repudiaron el violento ataque a mujeres trans en los lagos de PalermoUn piso de 227 víctimas y un récord histórico en varones trans
Según los datos del Informe Anual 2025 del Observatorio de la FALGBT, a lo largo de ese período se registraron 227 casos de crímenes de odio en el territorio nacional, una cifra notoriamente superior a las 140 agresiones contabilizadas en 2024. Desde la organización advierten que estas cifras constituyen únicamente un piso de la situación real, ya que muchas muertes violentas no figuran en registros oficiales ni en medios de comunicación, y salen a la luz exclusivamente por las denuncias de familiares o de la propia comunidad.
El desglose por identidad de género revela que las mujeres trans constituyen el colectivo más golpeado, acumulando 142 de las víctimas totales. Le siguen los varones gays con 50 casos, las mujeres lesbianas con 13 y las personas no binarias con 4 episodios registrados.
Sin embargo, el salto porcentual más brusco se observó entre los varones trans: los ataques pasaron de 5 casos en 2024 a 18 en 2025. Este número representa la cifra más alta registrada para este grupo en casi diez años de seguimiento estadístico por parte del Observatorio.
La agresión en manada y la crueldad como entretenimiento
El contexto nacional de agresiones tuvo un exponente de extrema gravedad en los bosques de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires. Allí, un grupo de adolescentes, algunos a pie y otros en bicicleta, se organizó para "cazar" a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual en la vía pública.
Luego de una serie de burlas y provocaciones iniciales, el grupo regresó armado con una cubierta, conos y palos para golpear a las mujeres. Mientras ejecutaban la agresión, los propios jóvenes filmaron la escena con sus teléfonos celulares y compartieron el material en redes sociales junto a emojis de risa, transformando la humillación física en un contenido de entretenimiento digital. Vecinos y automovilistas alertaron a la Policía, pero cuando los efectivos arribaron al lugar, los agresores ya se habían retirado.
Este hecho no se produjo de manera aislada. Recientemente, en la localidad cordobesa de La Granja, una pareja gay fue atacada a machetazos al grito de "tienen que desaparecer". Por ello, las trabajadoras sexuales convocaron a un paro nacional para visibilizar la precariedad y la violencia a la que están expuestas, luego de que en octubre se registraran cuatro femicidios de mujeres que ejercían dicha actividad.
Espacio público, discursos de odio y derechos precarios
Las agresiones en la calle reactivan la discusión sobre la vulnerabilidad histórica que enfrentan las personas trans, quienes durante décadas sufrieron la persecución y detención mediante edictos policiales. Aunque normativas como la Ley de Identidad de Género marcaron un hito, el informe y los hechos recientes demuestran que los derechos conquistados se vuelven precarios si se deterioran las condiciones culturales y sociales que los sostienen.
En ese marco, analistas del fenómeno señalan que los discursos públicos de odio y las expresiones despectivas pronunciadas desde sectores de autoridad legitiman prejuicios preexistentes en la sociedad. Se genera así una retroalimentación en la que el desprecio verbal autoriza la violencia física, mientras que la difusión digital con risas busca la aprobación entre pares y desplaza los límites de lo que una sociedad considera tolerable.