San Martín terminó la temporada mucho antes de lo esperado y el último partido contra Colegiales volvió a exponer los problemas que deberá resolver de cara a la próxima temporada si pretende volver a pelear por el ascenso. El 0 a 0 no modificó nada. La visita consiguió el resultado que necesitaba para clasificarse al Reducido y el “Santo” se despidió con las mismas dificultades que arrastró durante buena parte de la temporada.

El equipo que dirige Alejandro Orfila intenta asumir el protagonismo, adelanta sus líneas y busca instalarse en campo rival. Pero esa intención ofensiva no siempre se traduce en juego asociado ni en situaciones claras de peligro. Cuando el “Santo” no encuentra espacios, depende demasiado de sus individualidades y le cuesta construir alternativas para lastimar. El equipo siempre va hacia adelante, aunque muchas veces no sabe cómo hacerlo.

El problema también aparece cuando pierde la pelota. La mitad de la cancha no ofrece el equilibrio necesario para proteger a los defensores y las proyecciones de los laterales dejan espacios que el rival puede aprovechar. Así, los centrales quedan expuestos a situaciones de mano a mano y el equipo pierde solidez. Son dificultades que se repiten y que obligan a preguntarse cuánto de esta estructura puede sostenerse en la próxima temporada.

Todo esto volvió a quedar expuesto en la última presentación de la temporada. Por eso la continuidad de Orfila abre, de esa manera, un interrogante inevitable. ¿Qué piensa modificar el entrenador para que el próximo año no sea una repetición de este que finalizó de manera anticipada?

Sostener una idea no significa aferrarse a ella sin revisar sus resultados. Por eso San Martín necesita encontrar los mecanismos para atacar con más claridad, recuperar mejor la pelota y defenderse como bloque.

El último partido también quedaron dudas sobre algunos futbolistas que podrían integrar la base del próximo plantel. Nahuel Gallardo no termina de ofrecer garantías por el lateral izquierdo; Santiago Briñone, una vez más, mostró dificultades para recuperar y ordenar el juego, mientras que Gabriel Carabajal no consiguió transformar su participación en claridad cerca del área rival. El análisis individual forma parte de una discusión más amplia, porque en Bolívar y Pellegrini siguen estudiando qué jugadores están en condiciones de responder a las exigencias de un equipo que necesita volver a vestirse de protagonista.

Los silbidos con lo que los hinchas despidieron al equipo tras el final del partido fueron la expresión más clara del descontento de los hinchas. No se trató solamente de la reprobación por una campaña que terminó antes de tiempo. También hubo un mensaje hacia el futuro, porque varios de los futbolistas cuestionados podrían formar parte de la base del próximo proyecto. El público dejó en claro que no está conforme con el presente ni dispuesta a aceptar otra temporada sin respuestas.

San Martín ya confirmó la continuidad de Orfila, pero esa decisión no puede significar que todo siga igual. El último partido volvió a mostrar un equipo desequilibrado, con escasos recursos colectivos en ataque y dificultades para defender. Si el entrenador pretende construir sobre esta base, tendrá que demostrar que puede corregir lo que hasta acá no funcionó.

La próxima temporada todavía está lejos de comenzar, pero el desafío ya está planteado. La ratificación de Orfila es un punto de partida, pero no una garantía. Y los silbidos en La Ciudadela dejaron una advertencia que la dirigencia y el cuerpo técnico no deberían ignorar: para recuperar la confianza, San Martín necesitará demostrar que aprendió de sus errores.