La Bombonera se vistió de fiesta para recibir una nueva edición del Superclásico entre Boca y River, pero esta vez el tradicional recibimiento tuvo un condimento particular. Más de 10.000 paraguas azules y amarillos se abrieron simultáneamente en las tribunas cuando los futbolistas del conjunto local salieron al campo de juego, en una puesta en escena que combinó el aliento con una chicana dirigida al eterno rival.
La iniciativa estuvo vinculada con las polémicas arbitrales que dominaron la previa del encuentro. Durante los días anteriores, desde River manifestaron su preocupación por distintas decisiones de los jueces, una postura que en el entorno de Boca fue interpretada como una sucesión de quejas. La respuesta llegó desde las tribunas, donde los paraguas funcionaron como una referencia irónica a las supuestas “lágrimas” del conjunto de Núñez.
La imagen fue una de las postales más llamativas de la jornada. Mientras los jugadores ingresaban al campo de juego, miles de hinchas levantaron sus paraguas y tiñeron las tribunas con los colores del club, generando un efecto visual que acompañó los cánticos y el habitual clima del Superclásico.
Las declaraciones que alimentaron la chicana
La polémica había comenzado a tomar fuerza durante la semana, a partir de los cuestionamientos provenientes de River. Entre quienes se pronunciaron estuvo Gonzalo Montiel, mientras que el presidente del club, Stefano Di Carlo, también se refirió a la relación de la institución con el arbitraje argentino.
El dirigente sostuvo que River mantiene una postura de “guardia alta” respecto de las decisiones arbitrales desde hace 13 años, una declaración que reflejó el malestar del club en la antesala de uno de los encuentros más importantes de la temporada.
En Boca aprovecharon ese contexto para introducir una cargada en el recibimiento. Los paraguas, habitualmente asociados con la lluvia, se convirtieron en una alusión a las quejas del rival, sin necesidad de recurrir a una bandera o una inscripción explícita.
Más allá del folclore, el encuentro también tenía una importancia deportiva considerable. Ambos equipos llegaban con objetivos vinculados a la tabla anual y a la clasificación a las competencias internacionales.
Así, antes de que comenzara a rodar la pelota, Boca ya había protagonizado su primera provocación de la tarde. Con miles de paraguas abiertos y las tribunas teñidas de azul y amarillo, La Bombonera sumó una nueva postal al historial de recibimientos y cargadas del Superclásico.