Entre lágrimas, miradas bajas y manos en la cabeza, el plantel de Atlético Tucumán se acerca lentamente a la tribuna popular que copó la hinchada en el “Padre Martearena”. Del otro lado, los jugadores de Platense cantan, saltan y revolean camisetas entre destellos de brillantina. Durante unos instantes, el silencio parece imponerse en la cabecera “decana”, hasta que llega una respuesta: “La banda te lo agradece, te lo agradece hasta el final”.
Es el reconocimiento a un equipo que acaba de empatar 1 a 1, perder por penales y quedarse en las puertas de una final. Un desenlace doloroso por la expectativa que había despertado la semifinal, pero que no alcanza para borrar el camino de ensueño que Atlético recorrió en la Copa Argentina 2026.
Una vez más, el partido se le escapó por detalles. Platense no fue un amplio dominador ni dio la sensación de haber hecho méritos suficientes para quedarse con la clasificación durante los 90 minutos. Simplemente, aprovechó el momento en el que Atlético bajó su nivel para golpear. Después, en la definición por penales, fue infalible: convirtió sus cinco remates y se quedó con el boleto a la final.
Y pensar que la noche parecía sonreírle al equipo de 25 de Mayo y Chile. El encuentro transcurría parejo cuando Leonel Vega sufrió una lesión que terminaría marginándolo del partido. El volante intentó regresar, pero no pudo y debió abandonar el campo entre lágrimas, desconsolado por no poder continuar. Apenas unos segundos después, Nicolás Laméndola y Juan Infante construyeron una gran jugada por izquierda, que terminó con un centro del lateral y la definición de Renzo Tesuri. Del llanto individual a la alegría colectiva hubo apenas una jugada. Y, de pronto, el sueño parecía estar un poco más cerca.
Poco después, el cielo salteño también comenzó a llorar. Una lluvia persistente cayó sobre el Martearena y aceleró el campo de juego, mientras Atlético regresaba del descanso con una postura muy diferente. En lugar de sostener la iniciativa, el “Decano” retrocedió, se refugió cerca de su área y permitió que Platense creciera. El equipo dirigido por Martín Palermo comenzó a manejar la pelota y a empujar a un rival que cada vez encontraba más dificultades para salir. Y cuando más sufría Atlético, Kevin Retamar apareció de cabeza tras un córner, entre las marcas de Leonel Di Plácido y Clever Ferreira, para establecer el empate.
Hasta entonces, más allá del gol de Tesuri, el equipo dirigido por Julio César Falcioni tampoco había generado demasiadas situaciones. Lautaro Godoy dispuso de una buena oportunidad dentro del área, pero su remate de zurda salió desviado. Poco más. Y después del empate, el panorama se volvió todavía más complicado. La sensación había cambiado por completo: aquel partido que parecía encaminarse hacia una victoria “decana” ahora amenazaba con escaparse. Atlético debía recuperar el protagonismo o, al menos, resistir hasta los penales.
Ocurrió lo segundo. Y aunque las definiciones desde los 12 pasos suelen asociarse con la lotería, esta vez no hubo demasiado lugar para el azar. Alexis Canelo, que había ingresado con muchísimo carácter, abrió la serie con una ejecución de gran jerarquía. Lo siguieron Rodrigo Granillo, Godoy y Ferreira, que también resolvieron con enorme seguridad. Pero Platense no fallaba. Del otro lado, Luis Ingolotti no pudo repetir su actuación heroica frente a Independiente Rivadavia y no logró detener ninguno de los remates.
La diferencia apareció recién en el quinto penal. Gabriel Compagnucci ejecutó un disparo débil y anunciado, y Juan Pablo Cozzani se vistió de héroe frente a la cabecera ocupada por los hinchas del “Calamar”. Su atajada desató el festejo de Platense y dejó a Atlético sin la posibilidad de disputar la final.
Así, un detalle terminó por derrumbar una ilusión enorme. El “Decano” se quedó sin final, sin la posibilidad de clasificarse a la Copa Libertadores por esta vía y sin el sueño de levantar la Copa Argentina. Tal vez por eso se prolongó tanto aquel silencio entre los primeros pasos de los futbolistas hacia la popular y la respuesta de sus hinchas. Porque dolía. Y porque tenía que doler. Nadie había recorrido semejante camino para conformarse con una semifinal.
Atlético todavía tiene dos partidos por delante en el Clausura y una última posibilidad de encontrar consuelo en la clasificación a los playoffs. Pero eso será después.
En el Martearena, mientras Platense celebraba y la lluvia seguía cayendo, no había demasiado espacio para pensar en lo que vendría. Las lágrimas habían cambiado de protagonistas, pero no de significado: eran las de una ilusión que se había terminado demasiado cerca de cumplirse. Y desde la tribuna, pese a todo, llegó un agradecimiento.