Atlético Tucumán estuvo a un paso de dar el golpe, pero terminó pagando caro su retroceso futbolístico en el segundo tiempo. El equipo de Julio César Falcioni pasó de dominar con personalidad y argumentos tácticos a perder el control del partido, permitió que Platense creciera y terminó despidiéndose de la Copa Argentina en la definición por penales. La eliminación dejó una lectura clara: el “Decano” supo cómo lastimar a su rival, pero no encontró la manera de sostener esa ventaja cuando el desarrollo empezó a exigirle otras respuestas.

Platense, rival de Atlético, se acostumbró a pelear por cosas importantes

El planteo inicial fue uno de los puntos más interesantes del “Decano”. Con un esquema 4-1-4-1, Atlético consiguió equilibrio en la zona media y amplitud para atacar por los costados. La disposición le permitió disputar el partido de igual a igual, con personalidad para asumir el protagonismo y determinación para buscar el arco rival desde el comienzo. De hecho, al minuto de juego estuvo cerca de abrir el marcador, una señal de que no había salido a especular.

La principal vía de ataque estuvo en las bandas. El equipo de 25 de Mayo y Chile encontró allí los espacios para progresar y generar peligro, especialmente cuando consiguió superar la primera línea de presión de Platense. El gol de Renzo Tesuri, a los 36 minutos, fue una síntesis de esa idea: Juan Infante ganó por el sector izquierdo, desbordó y envió un centro preciso al corazón del área. El capitán apareció sin marca, controló y definió cruzado ante Juan Pablo Cozzani.

La acción expuso dos virtudes del “Decano”: la capacidad para ensanchar el campo y la llegada de sus volantes a posiciones de definición. Tesuri no necesitó una jugada individual extraordinaria, sino encontrar el espacio adecuado en el momento justo. Atlético había logrado transformar su circulación por afuera en una ventaja concreta en el marcador.

Sin embargo, el gol no terminó de resolver el partido. El equipo de Martín Palermo reaccionó y comenzó a encontrar caminos para inquietar. Los ataques por los costados y los tiros de esquina empezaron a acumularse. Los avances de Platense anticiparon un problema que se profundizaría en el complemento: la dificultad para controlar las acciones cuando el rival aumentaba la presión.

El empate llegó a los 14 minutos del segundo tiempo y tuvo un origen conocido. Un córner desde la izquierda encontró a Nicolás Retamar en el área, que ganó de arriba y conectó un cabezazo imposible para Luis Ingolotti. La pelota parada, un recurso decisivo en partidos cerrados, dejó al descubierto una desatención defensiva que Atlético pagó demasiado caro. Después de haber trabajado para construir la ventaja, el equipo permitió que el rival volviera al partido mediante una acción que exigía concentración y coordinación en la marca.

A partir de allí, el encuentro cambió. Atlético perdió parte de la claridad que había mostrado en la primera etapa y su respuesta se apoyó más en el esfuerzo que en la elaboración. El equipo ya no consiguió explotar con la misma continuidad las bandas ni sostener ataques que le permitieran alejar a Platense de su arco. Sin esa posibilidad de progresar y hacer correr al rival hacia atrás, el “Decano” quedó más expuesto a los avances del conjunto bonaerense.

También aparecieron espacios en el retroceso. Atlético quedó mal parado en algunas transiciones y Platense estuvo cerca de aprovecharlas para resolver la semifinal antes de los penales. La diferencia entre ambos tiempos no estuvo solamente en la intensidad: cambió la capacidad de Atlético para controlar el partido. En el primero encontró los caminos para atacar; en el segundo, le costó recuperar el dominio y administrar los momentos de dificultad.

La definición desde los doce pasos terminó de sellar la eliminación. Platense convirtió sus cinco remates y Atlético falló con Gabriel Compagnucci, en una serie sin margen de recuperación.

El “Decano” no perdió porque haya sido superado durante los 90 minutos, sino porque no logró sostener en el complemento las virtudes que lo habían acercado a la final. Tuvo un plan, lo ejecutó con acierto durante buena parte del encuentro y golpeó en el momento oportuno. Pero entre el empate, las desatenciones defensivas y la pérdida de claridad ofensiva dejó escapar una oportunidad histórica. La final estuvo cerca; las respuestas para alcanzarla, esta vez, no llegaron.