LA GACETA EN SALTA - Una ciudad tan turística como Salta está acostumbrada a transformarse. Recibe visitantes de distintas procedencias, costumbres y pasiones. Por momentos, incluso, parece adquirir rasgos camaleónicos: sin perder su identidad, cambia de colores según quienes la recorren. Hoy, con la llegada de miles de hinchas de Atléticopara la semifinal de la Copa Argentina, no hubo dudas sobre cuáles predominaron: el celeste, el blanco y el azul.

Al principio había que buscarlas. Alguna camiseta que cruzaba la plaza 9 de Julio, un grupo de amigos que posaba frente a la Catedral Basílica o una familia que caminaba por la peatonal. Pero, a medida que avanzó el miércoles, aquellas apariciones aisladas comenzaron a multiplicarse. Ya entrada la tarde, lo difícil era recorrer el centro de Salta sin cruzarse con algún hincha del “Decano”. Camisetas titulares, alternativas, nuevas y “retro”: las prendas comenzaron a mezclarse con el paisaje turístico de una ciudad que, por unas horas, se pareció a Barrio Norte en la previa de un partido en el Monumental.

El tiempo también dio una mano. Después de las lluvias del martes, el cielo continuó encapotado, pero las precipitaciones dieron paso a una tarde fresca que invitaba a pasear. Y los tucumanos aprovecharon. Algunos se fotografiaban frente a la Catedral, otros posaban abrazados junto al monumento de la plaza y muchos recorrían las calles comerciales. Había familias, parejas, grupos de amigos y simpatizantes de todas las edades. El fútbol los había llevado hasta “La Linda”, pero durante buena parte del día se comportaron como turistas.

POSTAL. Un padre e hijo miran una estatua en el centro de Salta.

“Veo los colores por todos lados: en la terminal, en el centro, en la plaza. Están por todas partes”, repetía Luis Macedo, sorprendido por la cantidad de camisetas que encontraba a su paso. Había llegado en colectivo junto a su hija, que vivía una doble experiencia: era su primera visita a Salta y también su primer viaje para acompañar a Atlético. Como ellos, muchos aprovecharon la cercanía entre ambas provincias para convertir la semifinal en una escapada familiar.

El movimiento tampoco pasó inadvertido para los salteños. Un cambista que trabajaba en las inmediaciones de la plaza observaba sorprendido la presencia de tantos simpatizantes visitantes. Según contaba, no era habitual ver semejante cantidad de hinchas de un mismo equipo recorriendo el centro. “Es impresionante la gente que trae Atlético. Está bueno, le da más vida a la ciudad”, comentaba. Incluso un grupo de simpatizantes de Gimnasia y Tiro aprovechó la ocasión para intentar intercambiar camisetas con los tucumanos.

Lo curioso era que, pese a semejante presencia futbolera, el centro conservaba su habitual ritmo turístico. Mientras en las inmediaciones del Padre Ernesto Martearena comenzaban a concentrarse los hinchas más eufóricos, alrededor de la plaza no predominaban los bombos ni las grandes banderas. Había, sobre todo, conversaciones, risas y fotografías. La pasión por Atlético estaba presente, aunque se manifestaba de una manera bastante diferente a la que suele verse en una tribuna.

RIVALES, NO ENEMIGOS. Algunos hinchas del

Y entre tantas camisetas del “Decano”, también comenzaron a asomar otros colores: el blanco y el marrón de Platense. En un bar frente a la plaza, mientras este cronista entrevistaba a un grupo de tucumanos, recibió una invitación inesperada para compartir el asado que estaban disfrutando. En una mesa cercana había dos chicas del “Calamar” y, casi sin proponérselo, ambos grupos terminaron conversando.

La charla pasó por las cuotas sociales, los sueldos de los futbolistas, las campañas y los promedios. Esos asuntos que, más allá de las rivalidades, suelen generar preocupaciones parecidas entre los hinchas. Cuando surgió la posibilidad de que Atlético disputara la próxima Copa Libertadores, las simpatizantes de Platense lanzaron una advertencia: “Ojo”. Ellas conocían las dificultades de afrontar una competencia internacional mientras también se pelea por la permanencia. Los tucumanos escucharon el consejo y la conversación continuó entre bromas, sin que la rivalidad que los esperaba unas horas después alterara el buen clima. Así, mientras lejos del centro comenzaba a gestarse la fiesta de bombos, banderas y cánticos, la plaza 9 de Julio ofrecía otra postal de la misma pasión. Allí, entre paseos, almuerzos compartidos y fotografías frente a la Catedral, los hinchas de Atlético encontraron una manera diferente de hacerse sentir. Sin alterar demasiado el ritmo turístico de “La Linda”, terminaron cambiándole los colores.