Aunque desde la Tierra parece un cuerpo celeste inmutable, la Luna continúa experimentando cambios en su estructura. Un estudio científico publicado el 14 de octubre en The Planetary Science Journal reveló que el satélite natural se contrajo aproximadamente 45 metros de radio durante los últimos 400 a 800 millones de años, como consecuencia del enfriamiento progresivo de su interior.
¿Cómo sigue la agenda lunar de la NASA?La investigación se basó en el análisis de más de 10.000 fallas geológicas identificadas en la superficie lunar. Estas formaciones permiten reconstruir cómo las fuerzas de compresión modifican la corteza y muestran que, pese a la lentitud del proceso, la Luna sigue transformándose. Los científicos también advirtieron que el fenómeno podría continuar generando nuevas fracturas.
Por qué la Luna se está encogiendo, según los científicos
La reducción del tamaño lunar está relacionada con el enfriamiento de su interior. A medida que pierde calor, el satélite se contrae lentamente y ejerce fuerzas de compresión sobre su corteza, lo que provoca deformaciones y fracturas en distintas regiones.
El estudio fue liderado por Thomas R. Watters, científico emérito del Centro de Estudios Planetarios y Terrestres del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian, junto con Maria Banks, Cole Nypaver y Mark Robinson.
Para estimar cuánto cambió el tamaño de la Luna, el equipo examinó imágenes obtenidas por la cámara Lunar Reconnaissance Orbiter Camera (LROC), instalada en la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA.
Los investigadores identificaron y cartografiaron más de 10.000 fallas jóvenes. Entre ellas hay escarpes lobulados, formaciones que aparecen cuando un bloque de la corteza se desplaza sobre otro, y pequeñas crestas que atraviesan los mares lunares, las grandes llanuras oscuras visibles desde la Tierra. Estas estructuras constituyen evidencias de la actividad tectónica vinculada con la contracción del satélite.
Cuánto se redujo el tamaño de la Luna en los últimos millones de años
De acuerdo con los cálculos presentados en la investigación, el radio lunar disminuyó alrededor de 45 metros durante un período estimado de entre 400 y 800 millones de años. Si la contracción se hubiera mantenido a un ritmo constante durante ese intervalo, la reducción habría oscilado entre seis y 11 centímetros de radio por cada millón de años.
En términos anuales, el cambio equivale aproximadamente a 0,1 micrómetros. Se trata de una variación imperceptible para las personas, pero que deja marcas reconocibles en la superficie cuando se acumula durante períodos geológicos prolongados.
El análisis también encontró diferencias entre distintas regiones lunares. Algunas concentran una mayor cantidad de fallas, mientras que las zonas con una corteza más gruesa parecen presentar menos estructuras de este tipo.
Para los investigadores, estas variaciones podrían indicar que determinados sectores de la superficie son más resistentes a las deformaciones provocadas por las fuerzas internas.
Las más de 10.000 fallas que permitieron reconstruir la evolución lunar
La identificación de miles de estructuras tectónicas fue posible gracias al registro de imágenes de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, que lleva 17 años estudiando la superficie de la Luna y ha obtenido millones de fotografías.
La información permitió reconocer una cantidad de fallas jóvenes muy superior a la que los científicos esperaban encontrar. “El número de estas fallas jóvenes reveladas en las imágenes de LROC es mucho mayor de lo que jamás imaginé”, señaló Watters.
El hallazgo amplía el conocimiento sobre la evolución reciente de la corteza lunar y aporta nuevas evidencias para comprender cómo el enfriamiento interno modifica el relieve del satélite.
Además, el estudio detectó que la distribución de las fracturas no es uniforme. Las diferencias en el grosor de la corteza y en la concentración de fallas ofrecen pistas sobre la manera en que las distintas regiones responden a las tensiones tectónicas.
El enfriamiento de la Luna podría generar nuevas fracturas
Los científicos plantean que la abundancia actual de fallas jóvenes no necesariamente significa que la actividad tectónica haya sido intensa durante las primeras etapas de la historia lunar.
En aquel período, una corteza gruesa, fracturada y porosa podría haber funcionado como un aislante térmico, dificultando la pérdida de calor del interior y retrasando parte del proceso de contracción.
Con el paso del tiempo, el enfriamiento habría favorecido la formación de las estructuras que hoy pueden observarse mediante instrumentos orbitales. Según Watters, mientras el interior de la Luna continúe perdiendo calor y contrayéndose, algunas fallas existentes podrían seguir creciendo y también podrían aparecer otras nuevas.
Aunque el proceso ocurre a una escala temporal muy diferente de la vida humana, sus efectos permiten estudiar la actividad interna de la Luna y comprender mejor la evolución de uno de los cuerpos celestes más cercanos a la Tierra.