Los israelíes concurren este martes a las urnas en unas elecciones que marcarán el rumbo del país en temas centrales como la política de reclutamiento, la economía y la rendición de cuentas por los ataques del grupo Hamás del 7 de octubre de 2023.
El escenario político llega atravesado por una profunda división en torno a la figura del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien busca renovar su mandato en medio de fuertes cuestionamientos.
Estos son los primeros comicios que se celebran desde el ataque más mortífero en la historia de Israel, ocurrido el 7 de octubre de 2023 y liderado por Hamás. La jornada electoral funciona en la práctica como un plebiscito sobre la gestión de Netanyahu.
Gran parte de la sociedad israelí exige la creación de una comisión de investigación independiente para identificar a los responsables de la falla de seguridad que permitió el ataque, que dejó más de 1.200 muertos. El gobierno se niega rotundamente a ello.
Gadi Eisenkot, principal rival del primer ministro, hizo un llamado a la ciudadanía a votar por un cambio político. "Hay una manera de prevenir el próximo ataque", afirmó.
Al igual que otros opositores, acusa a Netanyahu de ignorar las alertas de los servicios de inteligencia de Egipto y Emiratos Árabes Unidos.
El mandatario rechaza estas acusaciones, asegura que los servicios de seguridad no lo alertaron a tiempo y propone una comisión con miembros designados por los partidos. Además, es criticado por sus vínculos pasados con Catar, país que financió a Hamás.
La estrategia de seguridad y el reclutamiento
Durante décadas, la defensa de Israel se basó en la inteligencia, la disuasión y las guerras relámpago. El ataque del 7 de octubre desmoronó ese modelo. La actual gestión defiende una doctrina de prevención permanente, con campañas militares prolongadas y la ocupación de zonas en Gaza, Líbano y Siria, además de operaciones en Cisjordania y ataques contra Irán y los hutíes en Yemen.
El gran dilema que enfrenta el país es la capacidad de sostener económicamente y militarmente este esquema, con decenas de miles de reservistas movilizados.
En el plano interno, el avance de la comunidad judía ultraortodoxa, que ya supera el 14% de la población, reavivó el debate sobre su exención del servicio militar obligatorio. La oposición mayoritaria busca incluir a los estudiantes de escuelas talmúdicas en el ejército, algo que choca con la postura de Netanyahu y sus aliados de extrema derecha.
Estas tensiones también se reflejan en leyes recientes que separan a hombres y mujeres en algunas carreras universitarias y que refuerzan el estudio de la Torá, medidas que generan rechazo en amplios sectores de la sociedad.
La economía y la amenaza de sanciones
A pesar de que el PIB israelí se duplicó desde los años 2000 y la tasa de desempleo es históricamente baja, el costo de vida es uno de los más altos del mundo. El salario medio es inferior al promedio de la OCDE, lo que golpea el poder adquisitivo. Los economistas señalan problemas estructurales, como un mercado poco competitivo, barreras comerciales y la falta de políticas de vivienda.
A esto se suma que, desde 2023, el presupuesto de Defensa se duplicó y los impuestos aumentaron.
En los últimos días de la campaña, irrumpió con fuerza la posibilidad de sanciones internacionales contra Israel por su política de colonización en Cisjordania y por la impunidad de los colonos radicales.
Ante este escenario, Netanyahu advirtió que el país debe prepararse para una "economía alternativa" basada en criptomonedas, una declaración que despertó duras críticas de la oposición y un inusual desmentido por parte del Banco Central de Israel.