Si algún argentino estaba planeando sus vacaciones y todavía no había elegido destino, por lo menos, consideró viajar a Brasil. Cuando el mercado abrió horas después del cuestionado triunfo de Lula Da Silva en las elecciones presidenciales -su rival pide la anulación de los comicios- el Real se desplomó y puso al peso argentino con perfil favorable. El país vecino es de los destinos más elegidos en las últimas décadas por los argentinos que gastan más en unas vacaciones dentro del país que en Brasil.

Ahora bien, la euforia por el movimiento habría que disminuirla porque la historia podría cambiar, y drásticamente, al punto que no sólo desaparecería el abaratamiento, incluso podría ser que los precios subieran. 

El funcionamiento de hoteles, posadas y restaurantes se verá alterado porque el Congreso brasileño promulgó una enmienda constitucional que pone fin a la escala laboral 6x1 y establece dos días de descanso remunerado por semana para los empleados. Las incógnitas siguen este orden: primero, los empleadores intentarán contrarrestar los efectos de tener que pagar dos días más y si lo hacen, la opción que más fuerza tiene es trasladar el coste a los precios elevando las tarifas turísticas.

La medida, aprobada por el Senado el 14 de octubre y promulgada dos días después, comenzará a aplicarse a mediados de diciembre. Su implementación coincidirá con el inicio de la temporada turística, cuando destinos como Florianópolis, Camboriú y otros puntos del litoral brasileño reciben a miles de viajeros argentinos.

No está nada dicho

La nueva escala de trabajo implica un desafío operativo para hoteles y restaurantes, pero todavía no hay estimaciones concretas de cuánto podría aumentar el alojamiento o la gastronomía por este motivo. Sin embargo, en un mercado competitivo, muchos dueños absorben parte del costo para no perder clientes, por lo que el incremento no necesariamente neutraliza por completo una moneda favorable.

Aunque los servicios turísticos (hoteles y restaurantes) sufran ajustes por la nueva ley laboral, otros rubros de las vacaciones -como el transporte, las compras en supermercados, el comercio minorista y los paseos- se rigen por la dinámica habitual de precios y no se encarecen de forma directa por esta reforma específica.

Si los empresarios brasileños trasladaran la totalidad de los costos de la reforma a las tarifas, gran parte de la ventaja cambiaria se vería amortiguada en el sector de alojamiento y gastronomía. Sin embargo, dado que el impacto de la norma aún es una incógnita y varía según cada establecimiento, la ventaja de viajar a Brasil no desaparece por completo. Sí,  exige comparar con más atención y no dar por sentado que los precios finales reflejarán únicamente la devaluación del real.