Durante aproximadamente cuatro años, la vida de una familia transcurrió detrás de las paredes de una casa de dos plantas en Esquel, Chubut. Desde afuera, casi no había señales de sus integrantes. Los tres hijos no eran vistos en la calle, su madre aparecía ocasionalmente junto a una ventana y el único que salía con regularidad era el hombre que vivía con ellos.

La casa del horror: quién es Miguel Battista, el bioquímico de 71 años detenido por el presunto encierro de toda su familia

La comida llegaba por delivery, las compras las hacía él y las cortinas permanecían cerradas. Incluso, algunas ventanas estaban tapiadas. Con el tiempo, los gritos durante la noche, la acumulación de basura y la ausencia de los chicos comenzaron a despertar sospechas entre los vecinos.

El caso salió a la luz después de una denuncia que derivó en una investigación judicial y en un allanamiento que permitió retirar de la vivienda a la mujer y a sus tres hijos. El acusado es Miguel Edgardo Battista, un bioquímico de 71 años, imputado por presunta privación ilegítima de la libertad y abandono de persona.

Ventanas tapadas, compras nocturnas y una casa sin movimiento

“Nunca nadie vio a estos tres chicos en ningún momento”, contó una vecina a TN al reconstruir lo que ocurría en la casa de Esquel. Según los testimonios, el único que salía con regularidad era el hombre de 71 años, que tomaba un remís para ir al supermercado o que recibía a los deliverys, generalmente a última hora, cuando casi no había circulación.

“Venía el de Internet y salía él. Venía el súper, y salía él”, recordó la vecina que describió esa dinámica.

Las ventanas permanecían cubiertas con papeles, telas y placas. Detrás de uno de los vidrios se veía un árbol de Navidad en pleno octubre. Afuera se acumulaban bolsas de basura, mientras el pasto crecido completaba la imagen de una vivienda que parecía detenida en el tiempo.

La casa, según los vecinos, estaba habitada por la familia desde 2022. Sin embargo, la presencia de sus integrantes se fue volviendo cada vez menos visible.

Los tres hijos que nadie veía en la calle

La ausencia de los chicos fue una de las señales que más llamó la atención de los vecinos. Tienen 19, 17 y 13 años y, según la información oficial, no se habían encontrado registros de que hubieran asistido a la escuela.

“Estos adolescentes nunca fueron a la escuela ni salieron de esa casa. Nunca tuvieron contacto con el afuera”, dijo otro vecino, quien también indicó que el patio trasero habría sido uno de los pocos lugares en los que podían permanecer fuera de la casa, eventualmente cuando bajaba la luz.

Un episodio que llamó la atención fue la vez que un chico que pasaba por la vereda habría visto a una nena que lo saludaba desde una ventana.

“El único registro que tenemos es de un nenito que aparentemente pasó caminando por acá y en una de estas ventanas vio a una nenita que lo saludaba. Y volvió a contarle a la madre como si fuese una película de terror. Volvió a contarle a la madre como si fuese una película de terror”, contó el vecino a TN.

También sostuvo que, ocasionalmente, veían a los chicos en el patio delantero. Los saludaban, pero ellos no respondían y volvían a entrar. Con el paso del tiempo, esas apariciones se hicieron cada vez menos frecuentes hasta desaparecer.

Una mujer que vive en el barrio desde antes de la llegada de la familia recordó que llegó a pensar que los jóvenes tenían algún problema en su desarrollo porque no interactuaban con las personas de la cuadra. Nunca imaginó lo que pasaba realmente.

La menor era la que más se dejaba ver. A veces aparecía detrás de una ventana, aunque los vecinos apenas podían distinguir su cara.

Los gritos durante la noche y la mujer que miraba al horizonte

La esposa de Battista, que atraviesa un cuadro oncológico terminal, también aparecía en ocasiones detrás de una ventana.

Una vecina describió: “La mujer siempre estaba con un turbante en la cabeza y se ponía en la ventana a mirar a la nada, al horizonte. Vos la saludabas y no te hacía ni gestos”.

Desde las casas cercanas también escuchaban gritos durante la madrugada.

Con el tiempo, esas situaciones se sumaron a otras señales que inquietaban a quienes vivían en la cuadra. “Tenían actitudes que te llamaban la atención. Por eso nos movilizamos todos los vecinos”, contó otra mujer.

Otro vecino contó que el delivery solía llegar durante la noche y planteó una teoría sobre ese horario: “Mi hipótesis es que lo hacía a esa hora porque tenía que abrir la puerta y se iba a ver toda la acumulación que tenía ahí”.

La denuncia que terminó con el calvario de la familia

La denuncia formal se presentó el 10 de octubre. A partir de esa intervención, tomó participación el Equipo Técnico Interdisciplinario del Juzgado de Familia.

Según informó el Ministerio Público Fiscal de Chubut, los profesionales intentaron ingresar a la vivienda y entrevistar a los integrantes de la familia, pero el hombre que los recibió rechazó el ingreso e impidió que pudieran hablar con los demás habitantes.

Ante esa situación, se solicitó un allanamiento urgente y el arresto de Battista.

El procedimiento se concretó el jueves, con la participación de personal de la Brigada de Investigaciones, Policía Comunitaria, equipos municipales, profesionales de Salud Mental del Hospital de Esquel y peritos médicos.

Durante el operativo, la mujer y sus tres hijos fueron retirados de la vivienda y quedaron bajo asistencia médica, psiquiátrica y psicológica.

Tras la detención, la Justicia dispuso la prisión preventiva de Battista por diez días, una medida que fue confirmada luego de una revisión judicial.

El hombre está imputado por presunta privación ilegítima de la libertad y abandono de persona. La Fiscalía deberá avanzar con las pericias y las declaraciones testimoniales.

En tanto, la procuradora de fiscalía Cecilia Bagnato señaló que también será necesario realizar una evaluación psiquiátrica al acusado para establecer si es imputable.