No hay una sola causa de las protestas violentas en Europa, en especial en Francia, en parte porque no hay un solo grupo movilizándose. De modo que decir que son estudiantes reclamando mejor infraestructura y más profesores no es correcto. Pudieron haber comenzado así, pero ya no son sólo eso.
Vayan desde la economía una razón de fondo y algunas desencadenantes. La de fondo es el costo del Estado de bienestar, concepción de gobierno que implica amplia atención de necesidades por parte del Estado o facilitación de cobertura mediante subsidios o intervenciones. Varias de las políticas implicadas son desarrolladas en muchos países sin que se hable de Estado de bienestar pues éste requiere una globalidad de medidas y una visión concreta de la coordinación y sentido de ellas. El paquete incluye jubilación por sistema de reparto, educación no tarifada, dilatado sistema de ayudas económicas sin relación con méritos, subsidios a energía, transporte, vivienda y medicamentos, extensa cobertura de salud y así. Un paraíso (¿o festival?) de la redistribución.
A muchos les parecerá muy justo, pero tal esquema cuesta. El sistema productivo debe generar ingresos para pagar las prestaciones, porque nada es gratis. De allí dos requisitos que en la práctica son dos inconvenientes. Uno, que la tributación, que proveerá los recursos, no afecte demasiado la productividad. Otro, que el gasto público sea eficiente para que valgan la pena los impuestos. La combinación es complicada por varios motivos. Uno de ellos, que prestaciones amplias significan Estado pesado incluyendo millares de burócratas cuyos incentivos suelen estar poco alineados con los de la población común. Otro es la falta de moderación. El Estado de bienestar genera votos y a mayor cobertura aun más. Pero también cuanto más grande, más caro. Tercero, entre la ambición y la tentación del uso del poder aumenta la injerencia estatal en las interacciones privadas. De allí, cuarto, las presiones y el lobby para volcar el favor del gobierno desviándose recursos y capital humano, y todo este conjunto podría debilitar el emprendedurismo y la responsabilidad individual.
Por eso la facilidad con que aparece el intervencionismo, que mina la productividad y en consecuencia atenta contra la recaudación y contra el empleo, lo que aumenta las necesidades llegándose al déficit fiscal creciente que alienta la toma de deuda (y si no fuera por el euro, la emisión e inflación).
El equilibrio no es imposible pero es delicado. En Europa todos los países cayeron en el exceso y algunos pudieron revertir dignamente la situación, como los escandinavos. Que no son socialistas, pese al mito. Tienen una fuerte participación del Estado pero trabajada con cuidado. Por ejemplo, en el índice de libertad económica de la Heritage Foundation para 176 países en 2026 Dinamarca tiene el puesto siete, Noruega ocho y Suecia once mientras que Francia 65.
Lo anterior se refleja en cifras. Con datos del Banco Mundial, OCDE y Eurostat, en gasto público total sobre PIB Francia es el más pesado con 57,3 por ciento mientras Noruega muestra 49,4, Suecia 49,3 y Dinamarca 48,1. Para esa carga los nórdicos tienen superávit o pequeños déficits (Suecia, el más flojo) mientras Francia presenta déficit de 5,4 por ciento del PIB, situación relacionada con la deuda pública sobre PIB que para Dinamarca es 27,9 por ciento, Suecia 35,1, Noruega 45 y Francia 115,6.
Eso es parte de lo estructural, que Francia no supo sobrellevar; los intentos graduales de seriedad encontraron duras resistencias sectoriales en paralelo a presiones por más gasto en asistencia a inmigrantes. Tal vez por eso se desatienden funciones más que redefinir papeles.
Tensiones migratorias
Ahora, cuestiones coyunturales desencadenantes de la ampliación de la protesta. Primera, los miembros europeos de la OTAN debieron aumentar su gasto militar pues Donald Trump sostiene que EEUU gasta demasiado en una organización defensiva que hoy favorece sobre todo a Europa. Segunda, la invasión rusa a Ucrania derivó en la escasez de gas ruso cuando casi no hay centrales nucleares funcionando. Y tercera, a raíz de las acciones de EEUU en Ormuz el precio del petróleo subió. O sea, energía y combustible más caros.
Un adicional político. En las manifestaciones resaltan banderas comunistas y palestinas. Contradicción obvia, el comunismo es ateo y detrás de Palestina hay mucho fanatismo religioso (¿olvidaron Irán 1979?). Una más: llevan los colores palestinos los militantes LGBTIQ+, quienes no sobrevivirían (literalmente) si fueran a los territorios gobernados por Hamas. Claro, hay quienes dicen que el reclamo es político y se debe respetar la diversidad cultural. Pero es otra contradicción. No se puede sostener un discurso igualitario simultáneo para las personas y las culturas. Si las personas son iguales entonces las culturas que sustentan, por ejemplo, una superioridad sexual o racial son moralmente inferiores. Pero si todas las culturas son iguales entonces las personas no lo son, porque estaría bien que en algunas sociedades se esclavice a las mujeres o haya comercio y matrimonio de menores.
Tales inconsistencias abonan las tensiones migratorias superpuestas ahora a las protestas. Porque no tiene sentido admitir refugiados si trasladan al refugio las causas de los conflictos de los que huyen sólo por ser los perdedores de choques entre grupos con iguales posturas de repudio a la libertad de pensamiento, religión, proyectos de vida y democracia. No todos los inmigrantes rechazan la integración, pero sí los más activos, que buscan la sustitución. La multiculturalidad funciona cuando se comparten los valores esenciales. De lo contrario, lo mejor es no compartir territorio.
Tal vez Europa se dejó llevar por un equivocado sentimiento de culpa (o por un equivocado sentido de cómo lavar la culpa), por una fallida especulación demográfica (pretender más trabajadores y aportantes a la seguridad social) o por ventaja política (más votantes). Buenismo, ambición, irresponsabilidad, están en los cimientos del conflicto. Porque hay una amplia gama de maneras de organizar los países con resultados aceptables en variables económicas y sociales. Pero todas requieren responsabilidad, prudencia y entereza.