La economía argentina atraviesa un cambio de modelo que obliga a las empresas a revisar sus estructuras productivas y a buscar nuevas formas de competir. Mientras algunos sectores vinculados con los recursos naturales ganan protagonismo, otras actividades enfrentan dificultades para sostener sus niveles de producción, rentabilidad y empleo.

En ese escenario, Tucumán tiene el desafío de encontrar su lugar y aprovechar las oportunidades que pueden surgir de la transformación. El economista Fernando Marengo consideró que la provincia cuenta con dos ventajas para insertarse en ese proceso: una estructura industrial consolidada y una ubicación estratégica para el movimiento de mercaderías desde el norte argentino hacia la hidrovía y los puertos.

“Creo que Tucumán tiene una parte industrial y es un nodo logístico estratégico para todo lo que salga al norte hacia la hidrovía o hacia los puertos”, afirmó durante una entrevista con LA GACETA.

Para el especialista, el desafío consiste en identificar cómo pueden integrarse las empresas tucumanas a las nuevas cadenas de valor que se desarrollen alrededor de actividades como la minería y los hidrocarburos. La oportunidad no se limita a la explotación de recursos naturales, sino que también comprende la provisión de bienes, servicios, transporte, infraestructura y equipamiento para esos sectores. 

Marengo señaló que el crecimiento de actividades como la minería y la producción de hidrocarburos puede generar una demanda de bienes y servicios que alcance a empresas de distintas regiones del país.

Como ejemplo, mencionó lo que ocurre en provincias industriales como Córdoba y Santa Fe, donde algunas empresas que históricamente trabajaban para la industria automotriz comenzaron a reconvertirse para producir insumos y equipamiento destinados a actividades vinculadas con Vaca Muerta.

“Claramente está eso”, explicó al referirse a la transformación de esas compañías, que buscan adaptar sus capacidades productivas a las nuevas demandas.

En ese contexto, Tucumán podría explorar oportunidades para sus industrias y sus proveedores, además de fortalecer su función como centro logístico regional. La posibilidad de participar de esas cadenas dependerá de la capacidad de las empresas para responder a las necesidades de los nuevos sectores y competir en costos, calidad y productividad.

El economista también recordó el antecedente de Bajo de la Alumbrera y el procesamiento de minerales en Tucumán como ejemplo de los vínculos que pueden establecerse entre la actividad minera y otras economías regionales.

Sin embargo, advirtió que la transformación no está exenta de dificultades. Las empresas que buscan reconvertirse deben invertir, asumir riesgos y atravesar un período de incertidumbre. Además, la expansión de sectores con salarios más elevados puede generar competencia por los trabajadores y presionar sobre otras actividades productivas.

Por eso, consideró necesario estudiar tanto los efectos positivos como los costos y los obstáculos que pueden aparecer durante el proceso.

ARCHIVO LA GACETA

Una economía estancada, pero con niveles récord de producción

Las oportunidades para Tucumán forman parte de un cambio más amplio en la estructura económica argentina. Según el diagnóstico de Marengo, la actividad se encuentra estancada desde principios de año, pese a que el volumen agregado de producción alcanzó un nivel récord histórico.

“Está estancada desde principios de año, en un nivel máximo histórico, pero es muy heterogénea entre sectores”, explicó. Esa diferencia, sostuvo, refleja una modificación de la matriz productiva: mientras algunas actividades crecen, otras pierden terreno frente a la competencia externa o dejan de contar con las condiciones que les permitían sostener su rentabilidad.

Señaló, además, que durante décadas muchas empresas argentinas trabajaron en un esquema de protección frente a las importaciones. En ese contexto, algunas actividades pudieron sostener ganancias que no dependían exclusivamente de su productividad, sino también de las oportunidades financieras que ofrecía la inflación.

Con la desaceleración de los precios, esa dinámica pierde peso y las empresas necesitan mejorar su eficiencia para competir. “Cuando te baja la inflación, esa rentabilidad la perdés. Entonces, ahora tu rentabilidad depende de una palabra que hace 20 años no escuchamos en Argentina, que es la productividad”, afirmó.

Para Marengo, el cambio de modelo no implica que toda la industria vaya a desaparecer, sino que algunas empresas deberán modificar su producción y buscar nuevas oportunidades. El problema es que esa adaptación requiere tiempo, inversiones y condiciones que permitan atravesar la transición.

Agroindustria azucarera. AGRICULTURA

La incertidumbre, otro freno para el crecimiento

El economista también identificó la incertidumbre como uno de los factores que limitan la recuperación de la actividad. Cuando las familias temen que su situación económica empeore y las empresas no tienen certezas sobre el futuro, tienden a postergar decisiones de consumo e inversión.

Al analizar el escenario financiero, Marengo señaló que las diferencias en las tasas de interés de los bonos argentinos con vencimientos anteriores y posteriores a las elecciones reflejan la preocupación del mercado por el rumbo económico y político.

A su entender, el temor a un cambio de orientación puede llevar a empresas y consumidores a adoptar decisiones más cautelosas, lo que termina afectando la actividad.

También cuestionó que las dificultades de la economía puedan analizarse como si todos los sectores atravesaran la misma situación. Mientras algunas actividades generan empleo y amplían su producción, otras enfrentan despidos, reducciones de jornadas y problemas para sostener sus ingresos.

En ese contexto, sostuvo que la Argentina puede crecer más, aunque advirtió que la recuperación no será uniforme y que los sectores que pierdan competitividad podrían continuar enfrentando dificultades.

Por último, contó que la competitividad no depende exclusivamente de las decisiones del Gobierno nacional. En ese sentido, señaló que los impuestos provinciales, como Ingresos Brutos, y las tasas municipales inciden sobre los costos de las empresas. Por eso, consideró que la discusión sobre cómo mejorar las condiciones para producir debe involucrar a todos los niveles del Estado, sin comprometer el equilibrio fiscal.