La historia de Ari demuestra que, a veces, un gesto tan sencillo como una caricia puede cambiar el ánimo de una persona. Este chihuahua, que atravesó una situación difícil antes de llegar al país, hoy tiene una misión especial: acompañar a los chicos que permanecen internados en el Hospital de Niños Sor María Ludovica, en La Plata.

El perro fue rescatado en medio de la guerra en Ucrania y, gracias a la organización de un grupo de personas, pudo viajar a la Argentina. Una vez aquí, fue evaluado y entrenado por Ariel Zapata para participar en intervenciones asistidas con animales, una iniciativa que busca brindar contención a los pacientes pediátricos.

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El programa nació de un trabajo conjunto entre la Defensoría del Pueblo, el Observatorio del Vínculo Animal-Humano de la Universidad Nacional Arturo Jauretche y el hospital platense, según explicó su director, Gustavo Sastre, en declaraciones al programa Telenoche.

Ari cuenta con una tutora que trabaja en el centro de salud y vive en el mismo barrio. Ella lo acompaña cada viernes hasta el hospital, donde comienza una rutina que incluye los cuidados de higiene necesarios y las visitas a las salas de internación.

Ari, el chihuahua que lleva cariño a las habitaciones del hospital

El temperamento tranquilo y dócil de Ari fue fundamental para que pudiera integrarse al programa. Durante las visitas, el perro se sube a las camas y permite que los chicos lo acaricien, lo abracen y compartan un momento con él.

Laura, encargada de guiarlo dentro del hospital, describió a TN el vínculo que establece con los pacientes: Ari es cariñoso, no suele enojarse y se acerca a los nenes para lamerles las manos y darles pequeños besos.

La participación es voluntaria. Antes de cada encuentro, el equipo consulta tanto a las familias como a los propios pacientes si desean recibir la visita. De esa manera, cada chico puede decidir si quiere compartir ese momento con el animal.

Aunque Ari no recorre las habitaciones todos los días, los viernes se convirtieron en una jornada especial para quienes esperan su llegada. En medio de tratamientos, estudios médicos y períodos prolongados lejos de sus casas, su presencia ofrece una pausa en la rutina hospitalaria.

Lola, la nena que espera las visitas de Ari

Entre los chicos que disfrutan de sus encuentros con el chihuahua está Lola, una paciente que llevaba 25 días internada al momento de conocerse su historia. La nena atraviesa una enfermedad de la sangre que tuvo recaídas recientes, una situación que también representa un desafío para su familia.

Su mamá contó que la internación puede hacerse larga, pero que la llegada de Ari modifica por un rato el ambiente de la habitación.

“Ella ama a los animales en general, entonces cuando vino esta novedad fue como ‘¡wow!’. La saca un ratito de este lugar tan caótico”, relató.

Cuando le preguntaron qué le parecía Ari, Lola lo definió con dos palabras: “juguetón y comilón”. Una descripción espontánea que refleja la conexión que construyó con el pequeño visitante.

El vínculo no se limita a los encuentros en la habitación. En una oportunidad, cuando Lola tuvo que ir a realizarse una ecografía, Ari se quedó esperándola junto a una ventana.

La escena resume el sentido de estas intervenciones: ofrecer compañía y generar momentos agradables durante una etapa difícil, sin reemplazar los tratamientos ni la atención médica.

La importancia de las intervenciones asistidas con animales

La experiencia de Ari forma parte de una propuesta que incorpora animales especialmente seleccionados y preparados para interactuar con pacientes. Para que estas visitas puedan realizarse, es necesario evaluar el comportamiento del perro, mantener las condiciones de higiene y respetar las indicaciones del equipo de salud.

En un hospital pediátrico, donde los chicos pueden pasar días o semanas lejos de sus hogares, estos encuentros buscan aportar contención emocional y ofrecer una distracción de la rutina médica.

Ari llegó a la Argentina después de sobrevivir a la guerra en Ucrania. Hoy, lejos de aquel escenario, recorre las habitaciones de un hospital platense y se deja acariciar por chicos que encuentran en él un motivo para sonreír.