Los nuevos datos de empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) volvieron a poner sobre la mesa que la informalidad y el cuentapropismo siguen absorbiendo las esquirlas de un mercado donde el trabajo asalariado formal continúa perdiendo terreno.

El economista Bernabé Salas lo sintetizó con un análisis a partir de las cifras de la Cuenta de Generación del Ingreso (CGI) que elabora el Indec: aún con la reforma laboral vigente y comparando con el mismo trimestre del año anterior, la foto del empleo no se modificó. La tendencia previa no solo se mantiene, sino que se consolida.

Los registros recientes aportan tres evidencias sectoriales que grafican con exactitud cómo se reacomoda la fuerza laboral. El primer dato saliente es el marcado salto de la informalidad en el sector del transporte. Lo que venía insinuándose como un fenómeno urbano en expansión ahora se plasma con un verdadero boom de trabajadores informales sobre ruedas, consolidando la llamada "uberización" de la economía. 

Con un salario registrado que no logra recomponerse frente al costo de vida, la salida hacia las plataformas de viajes y logística deja de ser un ingreso complementario y pasa a funcionar como la principal válvula de escape del desempleo encubierto.

El segundo indicador lo aporta el comercio, un rubro que en esta última medición ratifica su condición de fábrica constante de monotributistas. El avance del comercio electrónico y las ventas independientes desplaza paulatinamente al empleado de mostrador tradicional para reemplazarlo por figuras cuentapropistas. En la estadística global la desocupación no se dispara, pero la calidad contractual muta: el riesgo comercial se traslada de manera íntegra al trabajador individual.

La tercera postal que subraya Salas es la más paradójica: minas y canteras, pese a navegar en máximos históricos de actividad y producción, generan hoy menos puestos de trabajo que en 2023. La reactivación de los sectores primarios y de enclave exportador confirma que su dinamismo de capital no derrama automáticamente en contratación masiva ni formal.

Salas introduce, además, un reparo técnico: la CGI se apoya en las declaraciones de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), una muestra estadística que suele arrojar ciertas oscilaciones o distorsiones de un trimestre a otro. Sin embargo, más allá de los ruidos metodológicos de la medición, el rumbo general no deja margen a dobles lecturas. Los nuevos datos certifican que las modificaciones normativas no alcanzaron para revertir el declive del empleo registrado.