San Martín no está todavía nocaut, pero ya está recibiendo el conteo final. A tres fechas del cierre de la fase regular, Atlanta lo dejó en la lona, con cada vez menos chances de meterse en un Reducido que hace tiempo le retiró la mirada.
En verdad, el equipo de Alejandro Orfila hizo méritos cuanto menos para no irse con las manos vacías del estadio “Don León Kolbowski”, pero se sabe, por deméritos propios o méritos ajenos, al “Santo” esta temporada casi siempre le faltan “cinco para el peso”. Y también sucedió en el 1-0 encajado en Villa Crespo.
Ante uno de los animadores de la zona B, a San Martín le “crecieron varios enanos” al borde del Movistar Arena, llámese los goles errados de arranque por Mauro Verón, las grandes atajadas de Francisco Rago o los centímetros que faltaron para que un misil de Víctor Salazar o un tiro libre de Matías “Caco” García se transformaran en grito de gol y desahogo.
En contraposición, Patricio Ostachuk la colocó donde debía de tiro libre y Darío Sand llegó tarde para sacarla.
Así, Atlanta quedó a un punto de la cima y San Martín, que de ganar tenía la chance de ponerse ídem de Colegiales, el último clasificado al Reducido, sigue a cuatro puntos del equipo de Munro, con apenas nueve en disputa por delante.
Incomprobable y contrafáctico. Qué habría pasado si, en lugar de ajustar tanto la pelota al palo derecho de Rago, Verón hubiera encontrado la forma de definir por encima o por debajo del arquero “bohemio”.
Iban apenas tres minutos y Atlanta ya había dado muestra de sus inseguridades a la hora de salir jugando. Orfila sin dudas había tomado nota viendo videos previos de su rival. Y había instruido a sus hombres al respecto, bajo la orden de que presionaran bien alto.
Verón tuvo una segunda chance poco después, ante un nuevo descalabro defensivo del local, pero la pelota otra vez se fue ancha. Bruno Cabrera, Gabriel Carabajal, Álvaro Véliez y Agustín Graneros, con mucha movilidad, aportaban lo suyo.
Al promediar la primera etapa, las sensaciones en el banco “santo” eran positivas, más allá de que el equipo de Cristian Pellerano por momentos dominaba la pelota: mucho ruido y pocas nueces, sin hacer sufrir de verdad a Sand.
La tercera no fue la vencida. Una nueva falla en la salida del anfitrión, posibilitó que Carabajal asistiera a Santiago Briñone, que sacó un fierrazo que debió ser gol de no ser por la volada espectacular de Rago.
Es verdad que el último cuarto de hora de la primera etapa Atlanta inclinó un poco la balanza, tuvo una pelota parada que derivó en un remate alto de Ignacio Rodríguez, la contra que terminó en amonestación de Rodrigo Ayala y otra aproximación de Rodríguez que terminó en las manos de Sand.
A partir de tres cuartos, al local no parecía caérsele ni una idea, y sus hinchas empezaban a manifestar cierta impaciencia cuando Pablo Giménez pitó el final de los primeros 45’.
Atlanta es, en definitiva, un equipo explicado por sus números: el más ganador de la zona B, llegó al partido de este domingo con dos derrotas más que su rival tucumano. Es decir, poco término medio para el conjunto de Pellerano, que ataca con fruición, pero da muchas ventajas en la marca.
Un ida y vuelta
El complemento arrancó frenético, con un ida y vuelta que pocas veces se observa en los partidos de primera división. Salazar le sacó la pintura al techo del arco desde lejos y unos minutos después Rago se mandó una atajada descomunal ante un remate de Véliez.
Entre una y otra jugada, Sand realizó un achique digno de sus mejores épocas para silenciar el grito del talentoso e inquietante Rodríguez. Poco después, el arquero visitante volvió a frustrar al número 10 “bohemio”.
El cotejo no ameritaba estar en cero. Orfila creyó que “Caco” García podía aportar más que un cansado Carabajal. El medio de San Martín contenía cada vez menos, faltaba mucho por jugar y Atlanta se le venía, como con ese desborde con centro que Rodrigo Sosa por poco no empuja a la red.
De pronto, el partido se pinchó. Durante unos 10 minutos, no pasó nada. Y de pelota parada, el “Bohemio” le encontró la vuelta, con la justeza en el remate de pelota parada de Ostachuk.
Urgido, San Martín le saltó a la yugular a Atlanta, pero fue demasiado “mansito”, apenas un par de piñas de las que el local, entonado, se supo defender. Era una pelea por “el cetro” y el “Santo” la perdió.