La celiaquía es una enfermedad autoinmune que afecta aproximadamente a una de cada 100 personas, aunque se estima que una gran proporción de los casos permanece sin diagnosticar.

Muchas de estas señales no se relacionan de forma directa con el consumo de gluten, la proteína que genera el caos en el sistema, lo que suele demorar la consulta médica y prolongar el tiempo hasta llegar a un diagnóstico certero.

Ya no hay solo síntomas digestivos clásicos delatores de la enfermedad. Hoy, muchos pacientes con manifestaciones más inespecíficas resultan diagnosticados.

Entre los síntomas más frecuentes que pueden indicar celiaquía se encuentran:

Distensión abdominal

Diarrea o constipación

Fatiga persistente

Anemia

Pérdida de peso o dificultad para aumentarlo

Dolor de cabeza recurrente

Irritabilidad

Lesiones en la piel

Caída del cabello

Retraso en el crecimiento en niños

Infertilidad en mujeres

Abortos espontáneos recurrentes.

En Argentina, una parte significativa de las personas con celiaquía desconoce su condición. Este subdiagnóstico implica convivir durante años con síntomas que afectan la calidad de vida, sin identificar su causa ni recibir el tratamiento adecuado.

Además del impacto físico, la celiaquía no diagnosticada también puede generar consecuencias emocionales, como frustración o ansiedad frente a síntomas persistentes sin explicación. Esta incertidumbre suele afectar el bienestar general y reforzar la importancia de llegar a un diagnóstico claro.

Por otro lado, especialistas advierten que la automedicación o la eliminación del gluten sin diagnóstico previo puede dificultar la detección de la enfermedad, ya que altera los resultados de los estudios clínicos necesarios para confirmarla. Es vital no dejar el gluten antes de hacer las pruebas que confirmen la sospecha, porque si se deja, los resultados pueden salir falsos negativos.

Los análisis

El proceso suele tener dos pasos principales. El análisis de sangre común donde el médico busca anticuerpos específicos que el cuerpo genera cuando reacciona al gluten. La biopsia intestinal es para la confirmación, el médico suele pedir una endoscopia para tomar una pequeña muestra del tejido del intestino. Esto permite ver bajo el microscopio si las "vellosidades" están dañadas.

A veces se pide un test de ADN para ver si tienes los genes (HLA-DQ2 y HLA-DQ8). Una vez que se confirma el diagnóstico, la solución es simplemente comer rico pero sin gluten para sentirse bien nuevamente,

Si bien el tratamiento consiste en una alimentación estricta libre de gluten, el mayor desafío suele estar en sostenerla en la vida cotidiana. La contaminación cruzada, la falta de información y las dificultades al comer fuera de casa continúan siendo barreras frecuentes.

En este contexto, los especialistas destacan la importancia de la detección temprana y de una mayor conciencia sobre las formas en que puede manifestarse la enfermedad. Reconocer los síntomas y consultar a tiempo permite no solo mejorar la calidad de vida, sino también prevenir complicaciones a largo plazo.

Tres casos

Para la gran mayoría de la gente, el gluten no es malo. Es simplemente una proteína más que el cuerpo digiere sin problemas. Se vuelve un problema cuando se produce la reacción autoinmune, la celiaquía propiamente dicha (el cuerpo se ataca a sí mismo); la sensibilidad al gluten no celíaca, el cuerpo no se ataca, pero el gluten cae pesado y genera malestar y la alergia al trigo, una alergia clásica.

Por qué algunos organismos son sensibles totalmente al gluten es la pregunta del millón que la ciencia todavía no puede responder. Se sabe que no es por una sola razón, sino por la genética, el sistema inmune y hasta el lugar donde uno vive incide a que el cuerpo decida que el gluten es su enemigo mortal.