El Templo San Francisco volvió a recibir a los tucumanos después de permanecer ocho años cerrado. Pero detrás de la reapertura hay una extensa tarea de restauración que comenzó en 2019 y que incluyó desde la reparación de grietas y fisuras en las bóvedas hasta complejos trabajos de apuntalamiento y consolidación estructural. Sin embargo, la recuperación todavía no terminó: hay sectores que requieren nuevas intervenciones y una de las principales preocupaciones está puesta en la cúpula y en la sacristía.

Olga Paterlini, arquitecta y presidenta de la Comisión de Puesta en Valor del templo, explicó en diálogo con LA GACETA que la última etapa estuvo centrada en la consolidación estructural. “Se ha tratado de restaurar todo lo que eran grietas y fisuras en las bóvedas”, detalló. No se trató de una reparación uniforme: cada lesión requirió un procedimiento específico y controles durante la ejecución de los trabajos.

La intervención más compleja estuvo en la bóveda del presbiterio. Según explicó en LG Play Cecilia Torres, arquitecta de la comisión, se debió trabajar tanto desde el interior como desde el exterior. Fue necesario montar una plataforma para permitir el acceso de los operarios, los materiales y los inspectores, además de apuntalar la estructura, que se encontraba en una situación crítica.

Desde el exterior también se colocaron pórticos para rigidizar la caja del presbiterio y evitar movimientos laterales. “Ha sido un trabajo que ha requerido mucho tiempo, mucha paciencia y, gracias a Dios, hemos contado con los profesionales para hacerlo”, señaló Paterlini.

Un trabajo que comenzó en 2019

El camino para recuperar el templo comenzó en febrero de 2019, después de su clausura por problemas de carácter estructural. En ese momento se conformó una comisión que reunió a representantes de distintos sectores con un objetivo común: conseguir que el edificio pudiera volver a abrir sus puertas.

Paterlini recordó que uno de los primeros desafíos fue conseguir los recursos necesarios. Además del trabajo administrativo y técnico, había que reunir fondos para financiar las obras. La comunidad tuvo un papel central: durante una primera etapa se implementó incluso un bono solidario para recaudar dinero, mientras que distintas empresas y particulares realizaron aportes.

“Esta ha sido la obra de estas cinco personas más el equipo de jóvenes restauradores que se han integrado en forma extraordinaria”, destacó Paterlini, quien recordó que cuando comenzaron los trabajos tenía 72 años y hoy tiene 80.

La restauración también contó con la participación de profesionales especializados y con la intervención de la Comisión Nacional de Monumentos, Bienes Históricos y Lugares Históricos. La arquitecta Ana Lozano, junto con otros especialistas, participó de las inspecciones y del seguimiento de las obras.

Qué falta restaurar en el templo

La reapertura no significa que todos los trabajos hayan terminado. Una de las tareas más urgentes es determinar qué sucede con la cúpula ubicada en el encuentro entre la nave central y el crucero.

“Esta cúpula todavía no sabemos qué le pasa. Esa es la verdad”, reconoció Paterlini. El problema volvió a evidenciarse con las lluvias, ya que desde el exterior se detectó nuevamente el ingreso de agua. Por eso está previsto realizar un proyecto que permita estudiarla tanto desde afuera como desde adentro y determinar con precisión qué intervención necesita.

Otro sector delicado es la sacristía, ubicada en la parte posterior del templo. Se trata de un espacio de gran valor por sus pinturas y características, pero presenta una “severa complicación estructural”. Por prevención, la comisión solicitó que permanezca clausurada hasta que pueda ser intervenida.

También resta terminar la reparación de grietas y fisuras en la nave lateral norte. A partir de allí, los trabajos podrán avanzar hacia nuevos frentes: la restauración de la envolvente interior, la recuperación definitiva del exterior y, posteriormente, la intervención sobre las pinturas, las imágenes y los bienes muebles que conserva el templo.

El órgano del templo de la Iglesia San Francisco FOTO PRENSA MUNICIPALIDAD DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN / GABRIEL LEMME

El trabajo invisible detrás de la reapertura

La recuperación no se limitó a la estructura. Antes de la reapertura también se realizó una profunda limpieza de los bancos, retablos, confesionarios y otros elementos que habían acumulado polvo durante los años de cierre.

El equipo de restauradores de la Casa Histórica participó especialmente en la limpieza de seis retablos. Durante una jornada completa se trabajó sobre las imágenes y los materiales con técnicas específicas para evitar daños.

“Ha sido un trabajo bastante complejo y para todo el equipo que hemos participado, que no somos de esas ramas, ha sido bastante educativo”, contó Torres.

El resultado pudo verse durante la misa que marcó la reapertura del templo. Ahora, el objetivo es avanzar con un cronograma que permita recuperar progresivamente el uso religioso y turístico del edificio.

Desde la comisión anticiparon que próximamente se informarán los días y horarios en los que el templo podrá ser visitado y en los que volverán a celebrarse misas.

Mientras tanto, Paterlini insiste en que la restauración necesita continuar y que todavía es posible colaborar. La comisión mantiene canales de contacto y un código QR ubicado en un banner frente al templo para quienes quieran realizar aportes.

“Todavía nos falta”, resumió Paterlini. La frase sintetiza el momento que atraviesa el histórico edificio: después de ocho años, San Francisco volvió a abrir sus puertas, pero la recuperación de uno de los templos más valiosos de Tucumán todavía tiene varios capítulos por delante.