Federico Caillou lleva 22 años atendiendo chicos y, en ese tiempo, vio cambiar muchas cosas. Una de las más notorias es lo que sucede antes de que un padre o una madre entre al consultorio. Hoy es habitual que lleguen con un diagnóstico googleado, varios videos vistos en redes y hasta una respuesta obtenida de una inteligencia artificial. El problema es saber cuáles son confiables. De eso habló el pediatra y neonatólogo en "Encuentros LA GACETA: Sentirnos Bien".
Pese a los cambios, Caillou identificó algo que permanece intacto: los miedos de quienes crían. "La mamá primeriza sigue siendo la misma", resumió.
Lo que se transformó es el entorno que la rodea, saturado de opiniones, mitos y consejos que circulan a gran velocidad. Hace dos décadas también existían creencias sobre la fiebre, la tos o la crianza, pero hoy conviven con un volumen de información imposible de procesar sin ayuda profesional.
El especialista ejemplificó con los contenidos antivacunas que se difunden en redes. Frente a ese escenario, su estrategia no es solo indicar qué hacer, sino argumentar la razón. "Cuando vos vacunás a tu hijo o a tu hija, le estás cambiando el futuro", afirmó, porque una vacuna puede evitar una enfermedad grave o sus secuelas.
Ese trabajo explicativo ocupa buena parte del tiempo de consulta. "Capaz que en cinco o diez minutos lo revisás. Los otros diez o quince te metés en la familia para conocerla realmente", detalló. Entender qué preocupa a ese grupo familiar, cómo vive y qué haría ante un síntoma forma parte del diagnóstico tanto como el examen físico.
Quién acompaña también cambió
Otro desplazamiento que observó Caillou en estas dos décadas tiene que ver con quién lleva al chico al consultorio. Antes era común ver al padre en las primeras visitas y luego solo a la madre. Hoy, según su experiencia, es más frecuente que vayan ambos o que el papá asista solo. "No ha cambiado el compromiso, sino quién forma parte de ese acompañamiento", aclaró.
A eso se suma que las generaciones que llegan a la consulta son distintas: padres nativos digitales, con expectativas de respuestas inmediatas, trayectorias laborales más flexibles y, en muchos casos, hijos a edades más avanzadas. Para Caillou, eso obliga al pediatra a adaptarse. "Primero tengo que adaptarme. Y tengo que saber con qué ojo voy a mirar realmente a ese papá y a ese entorno", explicó.
Caillou insistió en una idea que atraviesa toda su práctica: el niño no se entiende sin su contexto. "Ves al niño, ves al papá, ves a la mamá, ves a la abuela, ves a la tía", enumeró. El trabajo de los padres, los vaivenes económicos, los vínculos y lo que ocurre dentro de la casa influyen en el bienestar infantil. Por eso, el desafío actual del pediatra pasa por escuchar, ordenar y reducir la incertidumbre. "Que cuando entren a la consulta se puedan llevar algo más que un signo, un síntoma", planteó. Y lo resumió en dos palabras: "Ser claros".