El pitazo final tras la caída de Atlético Tucumán dejó un clima de frustración en 25 de Mayo y Chile. Hubo reproches al rendimiento, caras largas y la bronca lógica por ver cómo se escapan puntos en casa en el Torneo Clausura. Sin embargo, apenas dos horas antes, en las esquinas de Laprida, Bolivia y los accesos al Monumental, la atmósfera era otra. Aunque en la planilla oficial el rival de la fecha 11 vestía de rojo y blanco, buena parte de la hinchada “decana” ya tenía la cabeza en el 28 de octubre, en la semifinal de la Copa Argentina contra Platense.

Ansiedad y cautela

En la previa, el viaje a la semifinal ya era un operativo en marcha para gran parte de los hinchas. Sebastián y su hijo Mateo representaban el sentir de las tribunas: “Todo depende de dónde sea, pero dicen que va a ser en Salta y la final seguramente en Santiago. Ya tenemos todo listo; esto no pasa casi nunca, así que hay que meterle con todo”, aseguraba Sebastián, mientras Mateo asentía, ilusionado con viajar junto a su padre.

A pocos metros, sin embargo, asomaban las voces más prudentes. Carlos, acompañado por el pequeño Santino, advertía: “El objetivo principal es asegurar la categoría y ganar los partidos que quedan en el torneo; la Copa Argentina es como el postre, ojalá se dé lo que todos queremos”.

Rubén Ibáñez, que llegó al estadio junto a su nieto Bautista con décadas de tribuna a cuestas, era más escueto: “Es difícil concentrarse en el torneo cuando está esa semifinal ahí, pero los que tenemos años acá sabemos que hay que ser mesurados. Si nos ponemos locos con la Copa va a ser contraproducente. Atlético siempre hizo cosas grandes desde la pequeñez, por eso hay que ir paso a paso”.

Santiago Rodríguez llegó a la cancha, según su propio recuento, con un invicto personal de 17 años sin presenciar caídas en el Monumental. Minutos antes de cruzar los molinetes, dejó una advertencia que resonaría con fuerza noventa minutos después: “Parafraseando a ‘Mostaza’ Merlo: paso a paso. Primero tenés que asegurarte de quedarte en Primera. Hay que tratar de no pensar en Platense, si no, le pasamos la ansiedad a los que están en la cancha. No le das al equipo la energía que necesita para hoy porque estás con la cabeza en otro lado; te descuidás, perdés este y encima llegás mal anímicamente a la semifinal”, analizó con tono premonitorio antes de ver morir su racha.

Para Mauro Nieva, el esfuerzo económico también figura en la lista de prioridades: “Mi hijo siempre quiere venir, hasta a la despedida del ‘Pulga’ vinimos. Y ahora, si el partido es en Santiago o Salta también me va a pedir viajar”, aseguró entre risas cómplices con el pequeño Leandro.

La puja por la sede

Mientras en la calle muchos daban por cerrado que el cruce ante el “Calamar” se jugaría en Salta —ideal para una movilización masiva del pueblo “decano”—, la sede todavía no está resuelta. El presidente Mario Leito se encargó de aclararlo: “No hay nada confirmado. Las cosas hay que trabajarlas y estamos en eso. Platense va a querer jugar en Buenos Aires, siempre damos esa pelea. La vez pasada nos quisieron poner en cancha de Defensa y Justicia contra Independiente; nosotros dijimos que no íbamos a jugar ahí”, recordó. “La Copa Argentina tiene acuerdos con los gobiernos provinciales; algunas plazas las tienen para ciertas instancias y rivales”, explicó.

La discusión por el escenario es seguida de cerca por Julio César Falcioni. Aunque en la conferencia posterior a la caída con Barracas negó que la distracción copera haya incidido en el rendimiento del equipo, reconoció que debe reunirse con el presidente para definir el tema. El “Emperador”, que ya en llaves previas —sobre todo en el choque ante Independiente— se había quejado por el desgaste logístico que debió afrontar el equipo, sabe que la diferencia entre jugar a pocas horas de casa o tener que cruzar el mapa y jugar donde le convenga al rival no es un detalle menor.

El cierre de la fecha 11 dejó a los hinchas con la bronca de una jornada adversa en el torneo local. Pero el 28 de octubre está cerca y, más allá de la frustración del momento, la ilusión copera sigue intacta en el pueblo “decano”.