En una tarde en la que había logrado lo más difícil -abrir el marcador ante un rival ultradefensivo antes del descanso-, Atlético Tucumán jugó un segundo tiempo desconcertante. Fue superado tácticamente por los cambios que realizó Damián Ayude en el entretiempo, no supo contener la lluvia de centros y terminó perdiendo en tiempo de descuento un partido en el que mostró su peor versión defensiva en lo que va del ciclo del “Emperador”.

Ventaja impensada

El plan inicial se ajustó a lo esperado: el equipo de Julio César Falcioni tomó la iniciativa desde su habitual 4-1-4-1, mientras Barracas se instaló en un 5-3-2 y esperó cerca de su arco, con nueve jugadores comprimidos en apenas diez metros cuando el local tenía la pelota. El visitante le quitó ritmo al juego, neutralizó la movilidad de los volantes “decanos” y apostó a la segunda jugada mediante envíos largos para que Facundo Bruera peinara y Norberto Briasco corriera al espacio. Un par de cierres de Gianluca Ferrari y una tapada de Luis Ingolotti tras una pérdida de Leonel Vega en la salida, fueron las advertencias de un Barracas que esperaba su oportunidad.

A Atlético le costaba progresar por las bandas. Ignacio Galván pasaba con criterio por la izquierda, pero sus centros no encontraban a Ramiro Ruiz Rodríguez aislado entre tres centrales.

Además, las pocas veces que Lautaro Godoy encontraba un segundo o un metro para pensar, decidía o ejecutaba mal. Lo mismo sucedía con Renzo Tesuri y Nicolás Laméndola, muy imprecisos con el balón en los pies.

Sin embargo, cuando el trámite se desarrollaba según el plan del entrenador del “Guapo”, el local abrió el marcador en una jugada aislada. A los 33 minutos, después de un lateral, Leonel Di Plácido la envió la pelota al área y Laméndola se anticipó a su marcador y puso el 1 a 0.

El pleno de Ayude

El quiebre del encuentro se gestó durante el entretiempo. Con su plan inicial desactivado, Ayude realizó tres cambios simultáneos: mandó a la cancha a Enzo Taborda, Agustín Lavezzi y Nicolás Orsini. Con esos ingresos, el conjunto porteño desarmó la línea de cinco y plantó un agresivo 4-2-4, con dos extremos pegados a las bandas y dos puntas corpulentos para cargar el área.

La respuesta de Atlético fue la pasividad. En lugar de retrasar a sus interiores para auxiliar las bandas o asegurar la posesión para enfriar el trámite, el “Decano” aceptó el golpe por golpe y apostó a aprovechar los espacios comenzaban a aparecer para intentar alguna réplica. Pero Barracas se adueñó de los costados, desbordó sistemáticamente a Di Plácido y comenzó a lanzar centros sobre el área. A los 13 minutos, después de una combinación que nació por la banda, Taborda estableció el 1 a 1.

El gol no despertó a los de Falcioni, que continuaron imprecisos y desconectados. Barracas siguió atacando y a los 30 minutos concretó la remontada: Nicolás Demartini ganó una pelota dividida dentro del área entre varios hombres “decanos”, cedió para Orsini y este fusiló a Ingolotti para establecer el 2 a 1 a favor de la visita.

Recién entonces el “Emperador” movió el banco: Compagnucci reemplazó a Tesuri y Granillo ingresó por Godoy. Minutos antes, Villa había sustituido a un Di Plácido superado. Sin embargo, el equipo seguía sin encontrar el camino.

Castigo en el final

A los 40 minutos, Maximiliano Villa estampó el 2 a 2 después de dos cabezazos dentro del área en un tiro de esquina. A esa altura, el punto representaba un buen consuelo.

Sin embargo, el desenlace terminó de confirmar la noche negra en la faceta defensiva. En la última jugada, a los 48 minutos, Lavezzi  tuvo todo el tiempo del mundo para preparar el centro y Orsini volvió a aparecer libre para sellar el 3 a 2 definitivo.

 El traspié significó la tercera caída consecutiva en el Clausura y sembró dudas sobre la fragilidad de un bloque defensivo que hasta hace poco era la mayor fortaleza del equipo.