Ambientada para la naturaleza y la familia, la casa que habitan Agustina Cherri y Tomás Vera busca ser una continuidad con el verde y un espacio de recreación, sin perder la calidez necesaria para un hogar de seis integrantes. Aislados de la exposición que alguna vez fue una compañía constante en la vida de la actriz, la familia vive en la propiedad que Cherri se aseguró a los 15 años con el dinero que ganó por su éxito en "Chiquititas". Ahora, sin la presión de las miradas externas, la residencia en Pilar se convirtió en su refugio y escape.
Susto para Leandro Paredes: controlaron un incendio en su casaToques campestres complementados con elementos industriales definen la casa de diseño rústico de Agustina Cherri y Tomás Vera, el músico que se convirtió en su pareja en 2014 y más tarde en el padre de los hijos menores de la artista, Alba y Bono. Instalados en un barrio cerrado de la localidad de Pilar, en Buenos Aires, la familia convive en un grupo de seis miembros, al que se suman Muna y Nilo, nacidos de la relación anterior de la intérprete con Gastón Pauls.
Una adquisición a los 15 años
La edificación tiene una historia de múltiples visitantes y habitantes, aunque la dueña siempre fue la misma. La actriz compró la vivienda cuando tenía apenas 15 años con lo recaudado durante su actuación en el éxito televisivo. Sin embargo, aquella compra tuvo una dinámica particular: fueron sus padres quienes realizaron la transacción formal.
Aquella gran apuesta patrimonial se hizo bajo las directrices de la propia artista. Con solo 15 años, Cherri ya sabía cuál sería la casa de sus sueños: el inmueble debía cumplir con el espacio verde requerido, especialmente un amplio jardín que la representara. Así descubrió la residencia que quedaría ligada a su vida, aunque no la habitaría de forma continua hasta mucho después. Años más tarde recordó que, tras esa operación inicial, a los 18 años decidió mudarse a un departamento en Las Cañitas, dejando la propiedad de Pilar como patrimonio familiar durante ese intervalo.
Reformas, ampliaciones y fusión de estilos
Tras el nacimiento de Muna, Cherri decidió regresar para estar más cerca de su madre y comenzó a transformarla según sus propias necesidades. Los cambios continuaron con el tiempo: cuando la familia volvió a crecer junto a Vera, la edificación atravesó reformas y ampliaciones importantes, especialmente antes de la llegada de su hijo Bono.
El espacio comenzó a transformarse en una sede acorde a las necesidades de la convivencia. En una de las últimas remodelaciones, se ampliaron los espacios comunes y se modernizaron varios ambientes —incluyendo baños y cocina—, manteniendo la esencia cálida y acogedora que caracteriza a la estructura. Una antigua galería exterior, por ejemplo, terminó convertida en un amplio living conectado de forma visual y directa con el parque.
Interiores cálidos y un entorno sustentable
La estética elegida para la vivienda es una fusión que combina lo rústico con lo moderno. Como uno de los materiales centrales aparece la madera, presente en pisos, techos y mobiliario, aportando calidez y armonía. A esto se le sumaron pinceladas industriales, como estructuras de metal y paredes con acabados de texturas neutras, logrando un aire contemporáneo sin perder la impronta campestre.
La cocina se transformó en uno de los puntos neurálgicos de la vida cotidiana. Cuenta con mobiliario de madera rústica y revestimientos en tonos neutros que contrastan con las terminaciones metálicas. En el sector del living destaca un gran sillón estilo capitoné y una estufa que refuerza la sensación de hogar, mientras que los ventanales garantizan la entrada de luz natural durante todo el día.
La huerta, el rincón favorito
El exterior es el verdadero corazón de la propiedad. Más allá de la piscina rodeada de vegetación, uno de los sectores más destacados es la huerta familiar donde cultivan hortalizas, hierbas aromáticas y árboles frutales. Este espacio dialoga de forma directa con la alimentación vegetariana que Cherri promueve desde hace años y con el hábito de consumir alimentos frescos de origen conocido, una filosofía que también incorporó a la crianza de sus hijos.
Tomás Vera, quien mantiene un perfil bajo alejado de las cámaras, comparte esa rutina diaria. Amante de la percusión, exjugador de rugby y compañero de la actriz desde que se conocieron en 2014 durante el casamiento de Marcela Kloosterboer, encontró junto a Cherri el equilibrio perfecto en esta residencia en Pilar: un espacio de calma, naturaleza y vida familiar lejos de los focos mediáticos.