Aunque en el mundo Atlético Tucumán todos tengan en mente el gran partido por la semifinal de la Copa Argentina, el Clausura sigue su curso y el “Decano” se reencontrará con su gente este sábado. Luego del traspié en Mar del Plata ante Aldosivi, el equipo necesita volver a sumar para meterse de nuevo en los puestos de clasificación a playoffs. Enfrente estará Barracas Central: un rival que llega con una racha negativa que no para de extenderse.
Sin embargo, cada vez que el “Guapo” juega, la discusión se traslada a lo que ocurre alrededor. El balance de este 2026 expone dos realidades: un equipo con notorias limitaciones adentro de la cancha y un registro arbitral que desarma el mito de la inmunidad en el juego brusco, pero deja al descubierto una marcada anomalía en el reparto de los jueces.
Sequía y cerrojo
En lo futbolístico, Barracas atraviesa su peor tramo del año. A mediados de junio se cerró el ciclo de Rubén Darío Insúa y la dirigencia eligió a Damián Ayude. El cambio de entrenador no trajo cambio de esquema: el nuevo DT profundizó el planteo pragmático.
El arranque del Clausura pareció darle la razón con tres victorias consecutivas por 1 a 0 (frente a River en Núñez, Aldosivi y Deportivo Riestra), sostenidas en la solidez del arquero Marcelo Miño y en la eficacia de jugadas aisladas. Pero el envión se cortó rápido: Barracas acumula siete fechas sin ganar en el torneo, a lo que se sumó la eliminación en los octavos de final de la Copa Argentina a manos de Estudiantes de La Plata.
El problema principal radica en los metros finales. Con apenas cinco goles en 10 partidos en el Clausura, tiene una de las delanteras menos productivas (sólo supera a San Lorenzo, con cuatro) y no logró marcar más de un tanto en ningún encuentro del actual certamen.
Su esquema habitual es un 5-3-2. La zaga central reúne centímetros y experiencia con Yonatthan Rak, Nicolás Demartini y Rafael Barrios (o Nicolás Capraro), mientras que Damián Martínez y Elías Pereyra funcionan como carrileros que retroceden rápido para armar una línea de contención en campo propio. En el medio, el doble cinco de Dardo Miloc y Esteban Rolón asume el desgaste y la fricción, lo que deja libre de obligaciones defensivas a Iván Tapia. El capitán es la pieza clave: maneja los tiempos, lanza las transiciones y saca provecho de las pelotas paradas. Arriba, la rotación entre Norberto Briasco, Facundo Bruera, Jhonatan Candia o Gonzalo Morales paga caro el aislamiento y suele desgastarse en la disputa de los pelotazos aéreos y la búsqueda de faltas en campo rival.
El último antecedente
Para entender cómo compite este rival ante el “Decano”, el choque del 16 de marzo en el estadio Claudio Tapia por el Apertura es el mejor punto de referencia. Aquella tarde en Buenos Aires no hubo un trámite escandaloso ni una superioridad clara del local: Atlético tuvo mayor posesión y generó situaciones, pero pagó caro dos desconcentraciones defensivas. Gonzalo Maroni peinó un centro de Tapia para el 1 a 0 y, apenas segundos después de que el “Decano” empatara con un desvío de Lautaro Godoy en Demartini, Lucas Gamba marcó el 2 a 1 definitivo tras un saque del medio y una desatención en el fondo.
El “Decano” cayó en gran medida por sus propias falencias, pero el clima arbitral (a cargo de Sebastián Zunino) dejó su cuota de fastidio. En la conferencia de prensa posterior, Julio César Falcioni no ocultó su malestar por la expulsión por doble amarilla de Godoy a los 89 minutos: “Nos dio bronca... la expulsión era innecesaria, pero bueno... Era el hombre que más estaba rompiendo y había que sacarlo”, ironizó el DT del “Decano”, sumando además reclamos por una infracción no sancionada sobre Ezequiel Ham antes de que Kevin Ortiz viera la roja directa en el descuento.
Las amarillas y el VAR
En el imaginario popular suele asumirse que a Barracas los árbitros lo protegen cobrándole pocas faltas y guardándose las tarjetas. Sin embargo, los números de la Liga Profesional en 2026 dicen lo contrario.
El club que fue presidido por “Chiqui” Tapia encabeza la tabla de amonestaciones de todo el campeonato con 31 tarjetas recibidas. Además, es el segundo equipo que más faltas comete (148 infracciones sancionadas, detrás de Deportivo Riestra) y lidera el rubro de quites defensivos que terminan en infracción con 78 maniobras. En el medio campo y en el corte táctico, los jueces no han protegido a sus futbolistas.
El recelo no se apoya tanto en las infracciones en el círculo central, sino en las resoluciones en las áreas y el criterio del VAR. En 2026 sobran ejemplos: la mano de Gastón Campi que bloqueó un gol sobre la línea ante River sin sanción ni revisión; un empujón no advertido de Barrios a Lautaro Pereyra en Núñez; o los penales convalidados a favor frente a Platense y Banfield que Tapia cambió por gol.
¿Árbitros “de la casa”?
A lo anterior se suma el punto más cuestionado: las designaciones. El árbitro de este sábado en 25 de Mayo y Chile será Nicolás Ramírez, acompañado por Gastón Monzón Brizuela en la cabina tecnológica. Para Ramírez será su partido número 30 dirigiendo a Barracas desde 2019, con lo que alcanzará la marca de Pablo Dóvalo.
Que un mismo juez dirija 30 veces a una misma institución en seis o siete temporadas (un promedio de 4 a 5 partidos por año) es una anomalía estadística. La desproporción se ve clara al comparar con otros clubes: Ramírez pitó a River en 14 oportunidades, a Independiente en 9, a Racing en 8 y a Atlético recién lo conducirá por quinta vez en su carrera. Un análisis de las designaciones desde que el “Guapo” juega en Primera señala que un grupo de apenas siete u ocho árbitros (entre ellos Dóvalo, Ramírez, Andrés Merlos y Luis Lobo Medina) llegó a concentrar más del 60% de los encuentros de Barracas. Es esa reiteración sistemática, y no una simple falta en tres cuartos de cancha, lo que alimenta las sospechas del ambiente.
Más allá de cualquier desconfianza, la clave para Atlético pasará por lo que suceda con la pelota: tendrá que armarse de paciencia y lucidez para vulnerar un cerrojo que buscará cerrarle los caminos, sin desenfocarse ni desgastarse con lo que ocurra fuera de la cancha.