Recientemente se estrenó la película “El drama”, comedia dramática negra estadounidense escrita y dirigida por Kristoffer Borgli. Protagonizada por Zendaya y Robert Pattinson, aborda la crisis que de pronto experimentan Emma y Charlie, una pareja felizmente comprometida, una semana antes de casarse.
Todo comienza cuando, estando con un par de amigos, deciden jugar a que cada uno revele “lo peor que ha hecho en su vida”. Sin duda un juego peligroso: le toca el turno a Emma y su confesión deja a todos shockeados. Y a partir de allí, Charlie, en medio de los últimos preparativos y la ominosa cuenta regresiva al matrimonio, empieza a replantearse hasta qué punto conoce a su futura esposa, volviéndose cada vez más paranoico e inseguro del paso que está por dar.
La película generó debates, en primer lugar, porque -sin spoilear- se mete con un tema muy sensible para los norteamericanos. Pero también porque dio lugar a preguntas acerca de hasta qué punto es recomendable contarle todo a la pareja (o a alguien de mucha confianza).
“Todos ocultamos algo”, dicen por ahí, sugiriendo que se trata de un hecho inevitable y hasta necesario. Quizás por eso, en “El retrato de Dorian Gray”, Oscar Wilde se refería a los secretos como “lo único que puede hacer misteriosa o maravillosa la vida moderna” y sentenciaba: “basta esconder la cosa más corriente para hacerla deliciosa”.
Un mito
En su célebre libro “Mitos maritales”, el psicólogo sudafricano Arnold Lazarus afirma que la idea de que en una pareja “no debe haber ningún secreto” no es más que una creencia errónea y destructiva. Así, sostiene que la honestidad absoluta y sin filtros dista mucho de ser la clave de una relación feliz. Por el contrario, puede ser un detonante de conflictos y rupturas innecesarias.
Por eso considera que sincerarse con pensamientos pasajeros, atracciones irrelevantes o errores del pasado que no afectan el presente mutuo, lejos de llevar a que la pareja crezca en mayor intimidad, suele generar paranoia, resentimiento y dolor. Y que, de hecho, más de una no podrá sobrevivir a esta clase de patriadas.
Por otra parte, Lazarus advierte lo tramposas que pueden terminar siendo semejantes catarsis. Porque muchos confiesan solo para sacarse la culpa de encima y trasladar algo de la carga emocional y el sufrimiento a la pareja. Lo cual no es otra cosa que egoísmo disfrazado de sinceridad.