“El amor es el porqué de todo. Es como la génesis del significado de cualquier cosa que mueve las cosas y que me mueve a mí”, dice Maia Tarcic a LA GACETA. Ahí está la semilla de El rigor, obra escrita y dirigida por Tarcic, que llega el 26 de septiembre, a las 21, al Teatro Rosita Ávila, después de agotar dos funciones en el Konex de Buenos Aires.
La pieza teatral sigue a una mujer (Ailín Zaninovich) que se enamora de un hombre casado, aunque esa situación funciona apenas como punto de partida. A partir de ahí, se mete con la infancia, el cuerpo, la enfermedad, la vergüenza y esa necesidad de ser vista que, para Tarcic, empieza mucho antes que cualquier historia de amor.
Las entradas para la función pueden conseguirse a través del sitio oficial del Teatro Municipal y tienen un valor de $28.600.
Una camarera, un poema y el origen de la obra
El origen está en “Sirena”, de Louise Glück. La imagen que disparó la escritura fue la de una camarera capaz de llevar ocho copas a la vez hasta que se enamora y se convierte en criminal. Tarcic tomó esa idea y empezó a preguntarse por los mecanismos del deseo y por las historias que las personas construyen alrededor del amor. “Me pareció fabuloso que hubiera un personaje, un lugar, un conflicto encerrado en esos versos”, cuenta.
La obra tomó forma durante meses de ensayo junto a Zaninovich. Tarcic mira a la actriz durante los 60 minutos que dura la función y, cada vez, piensa que esa fue la mejor. Después llega otra y vuelve a pensar lo mismo. Entre repeticiones que nunca se sienten iguales, El rigor regresa a donde nació su autora.
Tarcic se crió entre teatros tucumanos: su papá era actor, su mamá es productora y sus primeros pasos sobre un escenario los dio en La Lupa, junto a Nicolás Aráoz y Lilian Mirkin. “Me siento mega tucumana. Me da honor. Traer El rigor a la provincia donde empezó todo es un sueño y un capricho”, dice.
“Me veían a mí y no me veían, al mismo tiempo”
Para ella, hay una pregunta que atraviesa la obra: ¿Quiénes seríamos sin la mirada del otro? "Es imposible de contestar, porque esa mirada está siempre ahí. Es inherente al ser humano", reflexiona Tarcic, que separa al personaje de sí misma. "Yo no me obsesiono con las personas. Mis obsesiones pasan por observar los vínculos humanos: cómo hablan, qué callan", expresa.
Esa distancia entre ella y el personaje es, justamente, el juego que atraviesa toda su escritura. Prefiere hablar de "no ficción" antes que de autobiografía: hay situaciones reales, otras inventadas y muchas exageraciones. "Lo autobiográfico es poder entrar y salir de la verdad y la mentira", explica. "Exagerar es la base primaria de la ficción". El mejor elogio que recibió, cuenta, se lo hicieron sus propios amigos: "Me dijeron que me veían a mí y que no me veían, al mismo tiempo".
Extraterrestres y mamushkas de actos de fe
Mientras El rigor sigue su recorrido, Tarcic ya piensa en lo que viene. En diciembre filma como protagonista una película de ciencia ficción dirigida por Sebastián De Caro, junto a Papryka (Agustina Suásquita) y Agustina Palazzolo, donde los extraterrestres aterrizan en Buenos Aires en lugar de Estados Unidos. También coordina hace nueve años talleres de escritura virtuales, con muchos alumnos tucumanos, y una slam de storytelling que espera algún día replicar en el norte.
Antes de despedirse, habla de lo que queda después de hacer una obra: la confianza. “Es como una mamushka de actos de fe: primero escribís sola, después mostrás eso a alguien y esa persona dice que sí, y al final el público sale de su casa, compra una entrada y cree en la obra”, reflexiona.
Tarcic admite: “No sé nada del amor”. Y, sin embargo, cuando piensa en lo que significa encontrarse con otros, concluye: “Si hay algo que nos falta como argentinos es fe y encuentro. Eso, para mí, también es amor”.