Lo que desarrolló Patricia Cirigliano es un método reconocido mundialmente. Que un bebé pueda nadar no es un descubrimiento, lo que sí descubrió a base de mucha observación y entender las respuestas, es que el agua brinda beneficios mucho antes de los tres años, edad recomendada para que un ser humano aprenda a nadar. Y ahí también radica el contenido diferenciador: la matronatación, no es natación para bebés, es la brazada previa a ser un bebé nadador.
Cirigliano sistematizó la actividad con un enfoque pedagógico, afectivo y de integración familiar, en lugar de un entrenamiento puramente de supervivencia o natación rígida. Eso llega después y los especialistas cambian. Ahí sí, el instructor de natación o entrenador toma el rol.
Con el paso de los años, el término y la metodología se difundieron con mucha fuerza por hispanoamérica y Europa (especialmente en España a partir de los años 70). El otro diferencial es que la metodología se aplica junto a los progenitores o algún familiar del bebé.
La médica, pedagoga y profesora de educación física fundó la primera Escuela Argentina de Natación para Bebés y registró el concepto “Matronatación” como una metodología científica para la estimulación temprana y el aprendizaje acuático del bebé.
Las características
La práctica de esta modalidad no tiene como finalidad que el pequeño aprenda a coordinar los movimientos en el agua. No es nadar porque se considera que recién a partir de los 3 o 4 años de edad, el aparato locomotor de los niños está suficientemente desarrollado como para lograr que nade de forma autónoma, tal como lo hacen los adultos. La palabra matronatación es un neologismo moderno formado por la unión de dos raíces de origen latino. Su significado etimológico literal es "acción de nadar de la madre" o "natación materna".
Aunque la etimología alude únicamente a la figura materna, el concepto ha evolucionado en la práctica para incluir al padre o a cualquier tutor, refiriéndose a las actividades acuáticas de estimulación temprana para bebés acompañados por sus progenitores. "Desde el inicio, bastarán apenas seis semanas para que los pequeños sean capaces de controlar su respiración bajo el agua y buscar la superficie ante un 'chapuzón' inesperado", explicó la profesional en un reportaje de Infobae.
Y agregó: “Nadando ya los estilos tradicionales, al llegar a los cuatro años alcanzan la habilidad motora y la serenidad emocional suficiente para permitirles después de una caída al agua vestidos, despojarse metódicamente de la ropa y emerger nadando hacia un lugar seguro”.
Para tener en cuenta
Los centros que ofrecen esta actividad deben cumplir una serie de requisitos:
- Clases de 30 a 45 minutos como máximo, respetando la resistencia de cada bebé.
- Temperatura del agua confortable y climatizada (32ºC).
- Monitores formados en esta disciplina y uso de material adecuado.
- El nivel de cloro del agua no debe sobrepasar el 0,6%, ya que, si no, puede ser irritante para la piel y el sistema respiratorio.
- Las instalaciones deben estar bien ventiladas.
Las ventajas de esta actividad son notables a nivel físico y emocional:
- Favorece el desarrollo psicomotor.
- Fortalece el sistema muscular y esquelético.
- Estimula la capacidad de observación y el juego libre.
- Fortalece el vínculo entre padres e hijos, mediante el juego y la confianza.
- Fomenta la socialización con iguales, sobre todo a partir de los dos años.
- Ayuda a que pierdan el miedo al agua y pueden ser entrenados para flotar en caso de caída accidental, por lo que se podría evitar un ahogamiento.
Para mantener
Hasta los siete meses de vida el bebé tiene el reflejo de cerrar la glotis al hundir su cabecita en el agua. En otras palabras, el niño sabe que al entrar en el agua no debe respirar. Probablemente, haber vivido nueve meses flotando en líquido amniótico provoca la presencia de este reflejo. La práctica de matronatación antes de los siete meses puede mantener presente este reflejo y permitir una mejor adaptación al agua.