Cuando Ignacio Cerrutti debutó en la Primera de Cardenales, Cipriano Cerrutti todavía tenía 14 o 15 años. Fue en 2021, contra Jockey, y el menor siguió el partido desde afuera junto al resto de la familia. Ignacio, nacido en 2002, daba uno de esos pasos que se imaginan desde infantiles. Para su hermano, cuatro años menor, compartir una cancha con él todavía parecía algo lejano. Tres años después, ocurrió: Cipriano debutó en 2024, durante un partido del Regional disputado en Santiago del Estero. Ignacio ya estaba en el plantel superior y aquella tarde los dos jugaron juntos por primera vez en Primera.

“Para la familia es un orgullo. Es algo muy lindo compartir cancha con tu hermano. Cuando me tocó subir era algo que esperaba hacía rato”, explicó Ignacio. Esta temporada pudieron hacerlo con mayor continuidad. El paso de Ignacio por Tarucas había reducido anteriormente las posibilidades de coincidir, pero ahora los dos ganaron protagonismo dentro de un Cardenales que pelea arriba: está puntero del Regional del NOA con 16 unidades.

QUIEREN DEJAR SU HUELLA. Ambos anhelan conseguir un campeonato con la camiseta del

Una historia que empezó antes que ellos

Los Cerrutti representan la tercera generación de una familia ligada al “Purpurado”. El primero fue Armando, su abuelo. Curiosamente, la puerta de entrada no habría sido el rugby, sino el hockey: comenzó acompañando a una de sus hijas, se vinculó con el club y terminó siendo dirigente.

Después llegaraon, Lucas, padre de Ignacio y Cipriano, y sus tíos, que jugaron al rugby. Finalmente fue el turno de ellos. Ignacio llegó a Cardenales a los cuatro años. Cipriano, a los cinco. A ambos los llevó su papá.

El mayor probó durante su infancia otras disciplinas. Jugó un tiempo al fútbol en el CEF 18 y también practicó básquet, aunque nunca abandonó el rugby. Cipriano directamente siguió un único camino. “Siempre Cardenales”, resumió.

Hay incluso un nombre que conecta las generaciones. Los dos fueron entrenados durante infantiles por Vallejo, uno de los históricos formadores del club. Su padre también había pasado por sus manos.

“El otro día hablábamos con mi papá y nos acordábamos de eso. Me decía que también lo había entrenado. No podía creer que todavía siguiera”, señaló Ignacio.

El día en que los caminos se encontraron

Ignacio todavía recuerda aquella primera convocatoria de 2021. Durante la semana le comunicaron que entrenaría con el plantel superior y que tendría su oportunidad frente a Jockey. La familia acompañó.

“Estaban todos. Los chicos me recibieron muy bien arriba y me sentí cómodo rápido. Fue muy lindo”, recordó.

Cipriano miraba desde afuera. “Habíamos ido con toda mi familia. Era el primero de la familia que debutaba, así que estábamos muy contentos”, aseguró.

En 2024 los roles cambiaron. Cipriano recibió su oportunidad en Santiago y su hermano ya estaba adentro. También viajaron su padre, su abuelo y otros familiares.

“Me acuerdo de que había jugado bien Cipriano, se había cortado varias veces y había hecho buenas cosas”, contó Ignacio.

Desde entonces apareció incluso una pequeña competencia familiar: las patadas a los palos. Habitualmente Ignacio asume la responsabilidad, aunque el mayor sostiene que Cipriano tiene mejores condiciones. El menor, rápidamente, le devuelve el puesto. “Él es el que patea en realidad”, aclaró Cipriano entre risas.

Crecieron mientras Cardenales cambiaba

Los hermanos también son testigos de la transformación del club. Ignacio recuerda la antigua ubicación de la cancha de hockey, superficies prácticamente de piedra y sectores donde actualmente hay canchas de fútbol 5 que anteriormente tenían otros usos. Cipriano conserva imágenes de aquellas canchas infantiles del fondo que fueron modificándose con los años.

Pero hay postales que sobrevivieron a todos esos cambios. Ignacio todavía recuerda una final contra La Tablada por el Torneo del Interior A, especialmente por la cantidad de gente que había en Cardenales. También conserva imágenes de la consagración del Regional de 2013 en cancha de Huirapuca, cuando la presencia “Purpurada” hizo sentir al equipo prácticamente como local.

Cipriano guarda otra escena. En 2019, Ignacio disputó con la M-19 una final del Regional. La cancha volvió a llenarse para acompañar a aquella camada. El título se escapó en muerte súbita, pero la imagen quedó.

Ahora ninguno mira desde afuera. El reciente clásico contra Lince volvió a encontrarlos dentro de la cancha. Cardenales debió trabajar hasta el final en un partido que el plantel asumió prácticamente como una definición. “Sabíamos que era un rival muy duro. Venimos teniendo semanas muy buenas y creo que se está viendo reflejado en la cancha”, señaló Cipriano, que anotó 33 puntos en ese partido.

El buen presente alimenta una ilusión que empezó mucho antes de que ellos llegaran a Primera. Porque primero estuvo un abuelo que llegó detrás del hockey y terminó como dirigente. Después, un padre que vistió la camiseta y llevó a sus hijos al club cuando apenas tenían cuatro y cinco años. Más tarde llegó el día en que uno debutó y el otro lo alentó desde afuera. Hoy entran juntos.

“De chico uno quiere ser campeón con su club”, expresó Cipriano. Ignacio comparte el objetivo, pero le agrega aquello que convertiría cualquier conquista en algo todavía más especial. “Salir campeón sería increíble. Y si se da con mi hermano, mucho mejor. Sería el doble de alegría”, cerró. Tres generaciones después, los Cerrutti todavía tienen una historia nueva por escribir en Cardenales.