La ciudad que aparece en “Tan Miguel de Sucumbir” es reconocible y, al mismo tiempo, extraña. Está hecha de excesos, violencia, humor, contradicciones y escenas cotidianas que suelen mirarse de reojo. En su primer libro, editado por el sello independiente Libros Tucumán e ilustrado por Eliseo Camps, Nacho Barrionuevo convierte anécdotas, noticias y relatos de la vida urbana en cuentos breves, veloces y deliberadamente extremos. El resultado tiene algo de fanzine, de disco punk y de crónica deformada de un Tucumán que el autor vuelve literatura a través de un lenguaje más oral que escrito. De todo eso habló Barrionuevo en esta entrevista.

- ¿Cómo definirías a “Tan Miguel de Sucumbir”? ¿Cuentos? ¿Suerte de nouvelle? ¿Relatos? ¿Todo a la vez?

- Suelo decir que es un libro de cuentos, historias que suceden en un lugar llamado Tan Miguel de Sucumbir. Si fuese un álbum, un disco, sería uno de punk, cada cuento-canción es corto y rápido.

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- ¿Cómo se gestó el proyecto del libro y cómo fue el proceso de escritura?

- Surgió sin buscarlo, escribiendo en el celular y publicando fragmentos en redes sociales, me causaba gracia que la gente no entendiese del todo si era un hecho artístico o cosas posta que me sucedieron. Me fogoneó encontrar interés entre amigos y continué escribiendo sobre los temas que nos atraían: los excesos, la violencia, el humor y las contradicciones.

PORTADA. La edición es del sello Libros Tucumán.

- ¿Cómo articularon el trabajo con Eliseo? ¿Te imaginás el libro sin sus dibujos?

- Comencé vendiendo una versión en PDF por internet, con fotografías de Valentín Mopty. Luego junto a Eliseo Camps, ilustrador, ideamos la versión fanzine. Él realizaba una ilustración por día luego de leer un cuento. No nos vimos la cara en todo el proceso, sin embargo cada dibujo daba en la tecla. Los lectores preguntaban si las ilustraciones las había hecho yo, porque existe una continuidad certera entre lo visual y el texto, como si fuese hecho por la misma persona.

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- Los escenarios, los protagonistas, el lenguaje, abordan un Tucumán que está ahí pero muchos no quieren ver. ¿Cuál es tu relación con estas historias?

- Son anécdotas que me contaron, como también noticias del informativo. Noto que los relatos conversan en un código que no necesita ser escarbado en profundidad, es cotidiano como el linyera que duerme de vez en cuando en la vereda de mi casa. La lupa está puesta en lo que decidimos ver de reojo. Aunque es ficción, muchas de las historias sucedieron en la vida real, resultaron caricaturizadas para poder digerirlas y las atravesó el humor que guarda el ritmo al hablar del norteño. La grosería como un disfrute se convirtió en un juego de ingenio.

- En ese sentido, ¿cuáles son tus referencias culturales -básicamente la literatura, la música y el audiovisual- que nutren los textos?

- La manera visceral de recorrer una ciudad subido en un colectivo que leí en “Sexy Bondi”, de Washington Cucurto, me impactó y me cautivó totalmente. Lo leí por recomendación luego de mostrar los borradores de mis historias. Algo parecido sucedió con “Limpieza”, de Carlos Alsina. Ambos libros me ayudaron a poner en papel un lenguaje que es más oral que escrito. También puedo darme cuenta que las historias entrelazadas de “Magnolia”, “Pulp Fiction” o “Quémese después de leer” forman parte del libro.

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- ¿El título estuvo desde el comienzo o fue saliendo de a poco?

- El título fue buscado de la misma manera que muchas frases del libro: desplazando el significado y moviendo letras para ver si se escondían juegos de palabras. Básicamente romper y descuajeringar. Cuando lo encontré no tuve dudas. A su vez, los escritos, las ilustraciones y las fotografías se influenciaron del título.