La lluvia no consiguió vaciar La Caldera del Parque. Cayó antes, durante y después de la final, obligó a abrir paraguas, buscar refugios improvisados y aceptar que cualquiera que quisiera presenciar el partido entre Natación-Lawn Tennis terminaría empapado. Aun así, hubo mucha gente. Nadie quería perderse una definición tucumana por el Torneo del Interior B.
Las tribunas también marcaron territorio. La hinchada de Natación se instaló detrás del ingoal orientado hacia la avenida Gobernador del Campo. Allí se armó buena parte de la fiesta “blanca”: música, cantos y una multitud que desafió a la lluvia durante toda la tarde con banderas de la “22”. Del otro lado, los hinchas de Lawn Tennis ocuparon principalmente el sector ubicado a la altura de la mitad de la cancha. La bandera de “Los Borrachos del Ingoal” volvió a aparecer como una marca registrada del “Benjamín”. También hubo canciones y respuestas de una tribuna a la otra.
La salida de los equipos terminó de transformar el escenario. Hubo fuegos artificiales para recibir a ambos conjuntos y el humo con los colores de los clubes cubrió durante algunos segundos buena parte del paisaje. Entre el agua, el estruendo y las bengalas, por momentos costaba distinguir las camisetas y algunos sectores de la cancha. Cuando el humo desapareció, quedaron 30 jugadores tucumanos frente a frente por una copa nacional.
Ochenta minutos después, el paisaje era otro. El triunfo por 23 a 15 desató la fiesta de Natación. El agua ya no molestaba. Jugadores, familiares e hinchas se mezclaron en abrazos y festejos por una conquista inédita: por primera vez, los “Blancos” podían llamarse campeones nacionales.
Para Alejo Majolli había, además, una historia familiar detrás de la copa. “Es una alegría seguir teniendo el legado, continuar con lo que dejaron mi viejo Heber, mis tíos, mis hermanas, toda la familia”, señaló. Para él, levantar el trofeo del Interior B significaba también prolongar una relación con el club que atravesó generaciones.
Máximo “Machi” Ledesma intentaba dimensionar su propio recorrido. Regresó de Europa el año pasado y rápidamente se encontró formando parte de uno de los períodos más importantes de Natación. “Sabíamos que este grupo está para grandes cosas. Nos metimos en la cabeza eso desde hace un tiempo”, explicó. El título nacional era uno de aquellos sueños. Ahora quedaba otro desafío: pelear por la triple corona.
En medio de todos estaba Matías Orlande. El capitán llegó al club cuando tenía tres o cuatro años y alguna vez observó desde afuera escenas parecidas a la que ahora protagonizaba. “Me acuerdo cuando era chico, venía al club y soñaba con estas cosas. Es una alegría y un orgullo inmenso”, aseguró.
Orlande también recordó a los jugadores que, debido a sus lesiones, no pudieron formar parte de los 23 y acompañaron al grupo durante las semanas decisivas. La copa era levantada por quienes habían estado dentro de la cancha, pero el festejo pretendía abrazar a todo el club.
Con el paso de los minutos, La Caldera empezó a vaciarse. Algunos se fueron rápido para escapar del agua; otros decidieron que ya estaban demasiado mojados como para preocuparse. Natación seguía celebrando. Lawn Tennis comenzaba a procesar la derrota.
Entonces quedó una de las postales de la tarde. Un grupo de jóvenes de Lawn Tennis permaneció en una de las tribunas. La lluvia todavía golpeaba con fuerza y, sin un lugar donde refugiarse, levantaron un cartel sobre sus cabezas para utilizarlo como techo. Debajo de aquel reparo improvisado quedaron algunos que habían alentado durante toda la final. A pocos metros, la fiesta “blanca” continuaba.