Lo que para una industria puede terminar convertido en un residuo de poco valor, para un grupo de microorganismos puede ser alimento y, después, transformarse en un nuevo material. Melina Nisenbaum, investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Mar del Plata, lidera un proyecto que utiliza residuos orgánicos industriales para producir celulosa bacteriana, un biomaterial flexible que busca convertirse en una alternativa a los plásticos sintéticos.

El desarrollo acaba de recibir la Distinción Franco-Argentina en Innovación 2026 en la categoría junior. El reconocimiento fue entregado por el Conicet, el Institut français d’Argentine, la Embajada de Francia y TotalEnergies Argentina y tuvo en cuenta proyectos vinculados, entre otros temas, con el reciclado y la reducción del uso de plásticos.

Cómo se transforma un residuo en un nuevo material

La clave está en un proceso denominado biofabricación. En lugar de utilizar materias primas tradicionales para producir plástico, los investigadores trabajan con comunidades de microorganismos y las alimentan con residuos orgánicos industriales de bajo valor.

Durante ese proceso, las bacterias producen celulosa bacteriana, un material que puede procesarse para obtener superficies flexibles. La idea permite trabajar sobre dos problemas al mismo tiempo: aprovechar residuos que de otra manera serían descartados y generar materiales de origen biológico con potencial para reemplazar algunas aplicaciones de los plásticos convencionales.

La científica se especializa en microbiología aplicada a la biotecnología y actualmente investiga la producción y el escalado de celulosa bacteriana para desarrollar biomateriales sostenibles. Su trabajo incluye desde la optimización de los cultivos hasta el diseño de los procesos necesarios para llevar la producción a una escala mayor.

INNOVACIÓN. Melina Nisenbaum fue reconocida por un proyecto que transforma residuos industriales en biomateriales como alternativa al plástico. / CONICET

El próximo desafío: salir del laboratorio

El proyecto no termina con la obtención del material. Uno de los próximos objetivos del equipo es avanzar hacia una etapa de escalado, es decir, comprobar si el proceso puede aumentar su capacidad de producción y acercarse a una utilización cotidiana.

Para esa instancia participará +USO, un emprendimiento de Mar del Plata especializado en biomateriales, que actuará como validador tecnológico y potencial adoptante. Su función será aportar experiencia en procesamiento y evaluar cómo responde la celulosa bacteriana cuando se utiliza en formatos flexibles.

El emprendimiento ya trabaja con materiales elaborados a partir de celulosa bacteriana y componentes de origen biológico. Entre sus aplicaciones se encuentran planchas pensadas como alternativa a materiales sintéticos utilizados, por ejemplo, en productos de marroquinería.

Un desarrollo argentino reconocido entre varios proyectos

La Distinción Franco-Argentina evaluó este año 41 proyectos de innovación y desarrollo en etapa piloto o de prototipo. Las propuestas estuvieron vinculadas con transición energética, calidad del aire, tratamiento de residuos, reciclado y disminución del uso de plásticos.

Para Nisenbaum, el reconocimiento llega justo cuando el equipo busca avanzar a una nueva etapa. La investigadora destacó que el premio representa un impulso para comenzar el escalado y abre posibilidades de cooperación internacional. El desafío ahora será demostrar que aquello que ya funciona en investigación puede convertirse, también, en un material producido a mayor escala.