El 13 de julio de 2014, en el Maracaná, Lionel Messi vivió una de las noches más amargas de su carrera: Argentina perdió la final del Mundial ante Alemania por 1 a 0, en el alargue, y minutos después el capitán recibió el Balón de Oro al mejor jugador del torneo en medio de un silencio incómodo, con el rostro desencajado por la angustia de una final que se le había escapado otra vez. Fue el primero de una serie de golpes que lo marcarían durante los años siguientes.
Los golpes se repitieron en 2015 y 2016, con dos finales de Copa América perdidas por penales ante Chile. La segunda, en el estadio MetLife de Nueva Jersey, terminó con Messi errando su remate en la definición y llorando sobre el círculo central. Minutos después, en la zona mixta, con la voz quebrada, resumió su decisión en apenas cuatro palabras: "Ya está, no va más". La determinación, tomada en caliente, duró solo dos meses.
El llanto cambió de signo el 10 de julio de 2021. En ese mismo Maracaná que lo había visto sufrir siete años antes, Argentina venció a Brasil en la final de la Copa América y Messi consiguió, a los 34 años, su primer título con la camiseta mayor. Las imágenes de esa noche lo muestran abrazado a sus compañeros, deshecho en lágrimas, mientras agradecía en redes sociales a los millones de compatriotas que habían atravesado la pandemia junto a él.
La alegría se repitió, más contenida pero igual de intensa, en Lusail, el 18 de diciembre de 2022, cuando la Selección se consagró campeona del mundo con Messi en el campo, treinta y seis años después del título de 1986. Después llegó la Copa América 2024, en Estados Unidos, y en septiembre de 2025, ya en el Monumental, Messi volvió a llorar, esta vez de gratitud, durante su despedida oficial de las Eliminatorias en suelo argentino.
El último llanto en una cancha de la Selección
El 19 de julio de 2026, en Nueva Jersey, la historia volvió a cerrarse con una lágrima: Argentina perdió la final del Mundial ante España por 1 a 0, con un gol de Ferran Torres en el alargue, y Messi permaneció varios minutos en el campo, abrazado a sus compañeros, mientras las tribunas coreaban su nombre. Seis semanas más tarde, ya retirado formalmente de la Selección, el capitán resumió en una carta pública lo que esa mezcla de finales perdidas y ganadas le había dejado: "Me llevo recuerdos y momentos inolvidables vividos".