El miércoles de la semana pasada, LA GACETA publicó una nota titulada “ChatGPT no es tu psicólogo: cinco riesgos de contarle tus problemas personales a la inteligencia artificial”. A partir de esa publicación, cientos de lectores comenzaron a contar en las redes sociales para qué usan estas herramientas y, en particular, por qué algunos recurren a ellas para hablar de cuestiones personales.

En Instagram, la publicación tuvo casi 680.000 visualizaciones, alcanzó a unas 359.000 cuentas y generó 13.200 interacciones. En Facebook recibió 1.100 reacciones, fue compartida 730 veces y acumuló 1.300 comentarios. Buena parte de la conversación giró alrededor de experiencias personales con la inteligencia artificial y con la atención psicológica.

“Me ayuda muchísimo cuando estoy sobrepensando, tengo un bajón o un bloqueo, sin molestar a nadie. Si siento que caigo más y estoy peor obvio que iré a la psico”, escribió @barrduran. @tibisay.p.d86 contó: “Yo ya le conté todo, hablamos y me gustó. Y de verdad me sentí mejor que si fuera un ser humano. Me gusta más la IA”. @bau.medinaa apuntó al costo de la atención: “Bueno, bajen los precios de las sesiones y dejo el ChatGPT”. Y @marisa_noelia1984 escribió: “Por lo menos me contesta... no está estático ahí solo haciendo caras y esperando a reloj que terminen los 45 minutos. Para darme otro turno. Pago obviamente”.

Los motivos que aparecen en esos comentarios son diversos. Una inteligencia artificial está disponible a cualquier hora, responde en segundos y puede utilizarse desde un teléfono. También aparece la sensación de poder contar algo sin ser juzgado y, en otros casos, una cuestión que excede a la tecnología: el costo y el acceso a la atención psicológica.

Las organizaciones profesionales vienen siguiendo el fenómeno. La American Psychological Association sostiene que los chatbots de uso general no deben sustituir la atención de profesionales y advierte sobre respuestas incorrectas, problemas de privacidad, dependencia y dificultades para reconocer situaciones de riesgo. En la Argentina, el Colegio de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires señaló que la escucha, la evaluación del contexto y la contención emocional que forman parte de una intervención clínica no pueden ser reemplazadas por mecanismos automatizados.

Decir que una inteligencia artificial no reemplaza a un psicólogo resuelve solo una parte del asunto. Los comentarios de los lectores ponen sobre la mesa otras cuestiones: el precio de una sesión, la posibilidad de obtener una respuesta en cualquier momento y el hecho de que algunas personas dicen sentirse más cómodas contando determinados problemas a una máquina que a otro ser humano.

La expansión de estas herramientas obliga a discutir sus límites y los recaudos necesarios para utilizarlas, pero también a mirar lo que sucede fuera de la pantalla. Si cada vez más personas recurren a una inteligencia artificial para hablar de aquello que les preocupa, vale preguntarse por qué algunas conversaciones personales están trasladándose a estos sistemas y qué encuentran allí quienes deciden mantenerlas con una máquina en lugar de hacerlo con otra persona.