“Era sabido que esto iba a pasar. Son dos changos que amenazan con matarse desde hace años. No respetan a nada ni a nadie”, sostuvo Carlos Herrera, vecino del barrio Oeste II. “No me importa dar mi nombre. Soy un viejo y no me quiero morir sin ver a estas plagas en la cárcel. Mataron al barrio”, agregó con la voz entrecortada.
El jubilado se refiere a Javier “Chuky” Casanova y a Santiago “Cara i’ Gota” Villafañe, dos hombres señalados por las autoridades como vinculados a la comercialización de drogas que mantienen un histórico enfrentamiento por el control territorial de la zona. Son los líderes de dos grupos enfrentados en una disputa que ya provocó varias muertes y que, según los investigadores, volvió a recrudecer en los últimos días.
Según los investigadores, las diferencias entre ambos grupos no sólo se explican por el control territorial, sino también por la disputa por el manejo de la barra brava de San Martín, un conflicto que se había apaciguado cuando “Chuky” quedó tras las rejas hace casi un año.
Tiroteos y amenazas por las redes
Los fiscales Mariano Fernández y Ernesto Salas López recibieron durante las últimas dos semanas varias denuncias por balaceras registradas en el populoso barrio ubicado al oeste de la capital tucumana. Los denunciantes señalaron que un tal “Ñato” y un tal “Músico” habrían participado de ataques a tiros contra distintas viviendas.
Según confiaron fuentes judiciales, esos episodios tendrían una explicación: ante la posibilidad de que “Chuky” regresara al barrio luego de que la Justicia Federal le concediera el arresto domiciliario, “Cara i’ Gota” habría decidido marcar presencia territorial.
Los allegados a Casanova no se quedaron atrás. Desde el sábado, sus “soldaditos” -como se conoce a quienes trabajan para las organizaciones narco- exhibieron su poder de fuego a través de las redes sociales. LA GACETA obtuvo imágenes de un joven que se fotografió portando dos pistolas Glock con cargadores tipo caracol, con capacidad para almacenar entre 50 y 100 cartuchos, y un fusil de asalto que, según especialistas, sería un AK-47.
Si bien el joven que aparece en las imágenes tiene el rostro cubierto, en algunas fotografías se observan tatuajes similares a los de un integrante del clan Los Gardelitos, grupo vinculado a Casanova. El sospechoso, según confiaron fuentes judiciales, ya había sido investigado por un ataque que sufrió Facundo Ale en diciembre de 2024.
Ese día, según la investigación, al menos tres personas que se movilizaban en una camioneta negra dispararon contra el hijo de Ángel “El Mono” Ale. Los agresores utilizaron una pistola semiautomática que nunca fue hallada por las autoridades. Se inició una causa que nunca prosperó. El fiscal Fernández jamás pudo identificar a los atacantes. Llamativamente, pese a que el hecho se registró en las inmediaciones de La Ciudadela, no se consiguió una sola cámara de seguridad -ni pública ni privada- que hubiera captado imágenes del ataque.
Temor en el vecindario
“Aquí todo el mundo sabe quién es quién. Ellos manejan el barrio, hacen lo que quieren porque nadie les dice nada. En pocos años se hicieron millonarios y ahora no será fácil frenarlos. Estamos a la buena de Dios”, explicó Doña Lucía, que hizo pasar al cronista de LA GACETA a su departamento para evitar que la observaran dando una entrevista.
Muchos de los habitantes de Oeste II prefieren no hablar. Saben que una frase de más puede ser interpretada como una delación y pagarse con la vida. “Aquí los únicos que no tienen miedo somos los viejitos. Estamos hartos de vivir así y asqueados por cómo arruinaron el barrio. Aquí vivía gente trabajadora, que se deslomaba para llevar una vida digna. Ahora es una tierra dominada por maleantes”, relató Don Francisco.
Las autoridades del Ministerio de Seguridad confirmaron que están investigando las denuncias recibidas y que ya presentaron informes ante el Ministerio Público Fiscal para intentar identificar a las personas que exhibieron las armas y secuestrar ese armamento.
Además, adelantaron que realizarán operativos especiales en la zona para evitar nuevos enfrentamientos entre las facciones rivales.