Han pasado dos meses desde que un doble terremoto sacudió a Venezuela y el trabajo de Domingo Pacheco, un rescatista voluntario que llegó a la zona de desastre el primer día, está lejos de terminar.
El 24 de junio dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5, con 39 segundos de diferencia entre cada uno, causaron una de las catástrofes más devastadoras en la historia reciente de Venezuela con cerca de 6.500 muertos y un número indeterminado de desaparecidos. El trabajo voluntario deja huellas emocionales, aunque Pacheco evita pensar en ellas. Una noche, al terminar una de sus agotadoras jornadas, sintió que le faltaba el aire y vio como su cuerpo se apagaba por unos segundos, al cabo de semanas escarbando entre escombros y túneles para encontrar a las víctimas. Mientras dormía tuvo la sensación de que una estructura le pisaba el pecho. “Se me fue quitando el oxígeno hasta que perdí como el conocimiento, todo se me puso nublado y pensé en mi hijo pequeño y reaccioné ¿qué está pasando?”, narró.
El desgarrador mensaje de Lucas Trejo a su hija Ainhoa, que murió en el terremoto de VenezuelaPacheco llegó a la zona cero en la primera noche de los sismos. Buscaba a una niña entre un amasijo de hierro y escombros del urbanismo Hugo Chávez, un conjunto de viviendas de interés social en el popular balneario de La Guaira, a 40 km de Caracas, que sufrió los daños más graves de los terremotos.
Recuerda a una familia atrapada en el último piso. Pedían que no los abandonaran. “Había gente que gritaba mucho, que los ayudáramos”, rememora sobre esas horas.
Venezuela supera las 6.400 muertes por los terremotos: la búsqueda de cuerpos continúa dos meses después“Me vine a donde tenía que ayudar”, reflexiona este socorrista de 53 años amante del voleibol, cuyo grupo ha rescatado a 21 personas con vida y 56 fallecidos. Desde esa noche no ha habido un solo día en el que haya logrado pensar en otra cosa que no sea ayudar a los afectados, confiesa.
Sin resignación
Dice que esta experiencia lo “marca mucho”, en especial por aquellos que no se resignan a dejar atrás los cuerpos de sus parientes sepultados bajo montañas y montañas de escombros casi impenetrables.