Hasta el 22 de noviembre, Marcela Chichizola participa, en el marco de la Bienal de Venecia 2026, en la 8° edición de la exposición internacional “Personal Structures - Confluences”, organizada por el Centro Cultural Europeo (ECC) de Italia. Cuatro de sus obras plásticas son exhibidas en el Palazzo Bembo, “un entorno donde la arquitectura histórica potencia el diálogo con el arte contemporáneo”, destaca para LA GACETA.
“Mi trabajo llega a Venecia de la mano de la galería Hasta la Raíz, que dirige Andrea Arias y es la curadora de mi muestra. Me enorgullece compartir este espacio con tres excelentes artistas: Mario Martínez, Fernanda Zannol (con los que participé en la Bienal de Florencia del año pasado) y Michele Oz, propietario de la galería Contart de Roma, donde tuve la oportunidad de exponer mis trabajos”, detalla la artista porteña radicada en Tucumán desde hace tres décadas y media.
- ¿Cómo surgió la convocatoria?
- A partir del objetivo claro de la galería de proyectar nuestra identidad artística en los escenarios internacionales más competitivos. Tras un proceso de búsqueda y gestión de iniciativas en el exterior, decidimos postularnos para este proyecto en Venecia. El ECC cuenta con un filtro curatorial muy riguroso y no cualquier propuesta logra ingresar. Nuestra admisión fue el resultado de una evaluación exhaustiva por parte de un prestigioso equipo que analizó la coherencia y la potencia de cada obra para convivir en una muestra de esta escala. Quedar seleccionados entre muchas propuestas de todo el mundo es, sin duda, un reconocimiento a la solidez del trabajo que venimos realizando.
- ¿Cuántas obras exponés y con qué técnica?
- Presento un conjunto de cuatro obras, una de las cuales (“Mensajero, no hay fin”) llega con el aval de haber recibido una mención del jurado en la Bienal de Florencia en 2025. La materialidad es la gran protagonista: utilizo sacos de té usados y gasas teñidas en té para construir los fondos de mis piezas. El té, con su pátina orgánica y sus tonos terrosos ocres, genera en el espectador la ilusión de estar frente a piezas o manuscritos antiguos, conectándonos con la sabiduría que trasciende las fronteras temporales. Sobre este soporte realizo una intervención con transferencia de imágenes, elementos textiles, pintura en acrílico y fragmentos de textos antiguos de todas las culturas.
- ¿Por qué elegiste esos elementos?
- Esta elección técnica dialoga directamente con la temática que propongo. Desde lo conceptual, la serie explora la temática del Anima Mundi y la búsqueda del Yo verdadero. Somos cosmos en una gran red de la que formamos parte como piezas únicas e indispensables en el tejido de la vida en comunidad. El autoconocimiento, como ese viaje hacia nuestro interior, hacia nuestro centro puro, es herramienta fundamental para la humanización de la humanidad y el respeto hacia todo lo que existe. En el acto creativo, redescubro lo divino.
- ¿Cuál es tu expectativa en esta oportunidad?
- Se centra en la visualización y el reconocimiento internacional a mi obra, para consolidar un camino que busca llevar mi lenguaje artístico hacia nuevos horizontes. Participar en una bienal tan icónica como la de Venecia representa un enriquecimiento fundamental para mi trayectoria y me permite dialogar con otras culturas en un entorno de intercambio único. Nada de esto sería posible sin la labor profesional de Andrea. Su visión estratégica y su compromiso con la proyección de los artistas en el exterior fueron los motores que nos permitieron ingresar en este flujo global de arte contemporáneo. Llegar al Palazzo Bembo de la mano de una gestión curatorial tan sólida, tanto de la galería como de la Bienal, es ya un gran paso cumplido en mi proceso artístico y personal, y al mismo tiempo es parte de un proceso de búsqueda constante que me permite llevar mi identidad y materialidades al mundo, en el escenario más icónico del arte contemporáneo.
- Hay una satisfacción especial.
- Es un enorme orgullo ser una de las embajadoras del arte de mi país en esta instancia tan importante, y siento que reafirma la solidez de mi propuesta técnica y conceptual. Asimismo, es una riqueza pasar a formar parte de un tejido colectivo, donde lenguajes de artistas consagrados y emergentes se entrecruzan en un espacio compartido, que dan forma a un panorama cultural en evolución.
- ¿Cómo está funcionando el mercado del arte en Europa y en la Argentina?
- Estos eventos, aunque no son espacios comerciales directos, actúan como los grandes radares del mercado internacional. El mercado argentino actual es muy prolífico y tenemos un amplio espectro de galerías, espacios expositivos, ferias, bienales, aunque está muy concentrado en el ámbito local o regional. Participar de un evento en Europa permite que la obra se inserte en un panorama cultural donde convergen artistas, galerías e instituciones académicas de todo el mundo, porque el continente cuenta con estructuras de apoyo muy robustas.
- ¿Cuál es la diferencia más sensible entre ambos mercados?
- A pesar de los problemas geopolíticos que atraviesa el mundo, en Europa el mercado se caracteriza por una mayor estabilidad financiera, lo que lo diferencia del mercado argentino, muchas veces afectado por la inestabilidad económica, y eso impacta directamente en la inversión en arte. Sin embargo y a pesar de las dificultades, el arte argentino actual se percibe como un territorio de producción con identidad propia que está teniendo una representación importante en los grandes centros del mundo. A nivel de audiencia, en Europa, el público global es masivo, la prensa internacional es especializada y hay mucha intervención de museos de todo el mundo. Mientras que las ferias en la Argentina son vitales para sostener la economía del arte local, la Bienal de Venecia es el espacio donde tu trabajo se valida como un documento histórico y cultural.
- ¿Qué está pasando en las exposiciones en la provincia y en el país?
- El futuro nacimiento del Museo de Arte de Tucumán (MAT) propiciado por la gestión privada, pondrá a Tucumán como un centro de referencia a escala regional, profesionalizará la exhibición de arte contemporáneo local y buscará retener los artistas que históricamente migraban por falta de espacios de validación y mercado en la provincia. Contemporáneamente la realización de ArTuc 2026, la primera feria de arte contemporáneo de la provincia, buscó incentivar al sector empresarial e industrial a invertir en arte, marcando un momento histórico para la promoción de lo tucumano. Sin embargo, creo que las grandes ferias de arte en la Argentina no solamente tendrían que promocionar galerías, sino dar igual oportunidad a artistas que puedan competir por los espacios, sin necesidad de depender de los galeristas. Siempre, por supuesto, pasando por el tamiz de una curaduría seria y especializada. A pesar de la gran cantidad de talento, también opino que uno de los principales obstáculos es la escasez de coleccionistas y compradores internos. A nivel de la revalorización de los museos estoy convencida que tenemos una cuenta muy pendiente. Somos poseedores de verdaderos tesoros históricos y lugares de patrimonio nacional muy mal mantenidos y desconocidos para el público local y para el turismo. Los gobiernos de turno tendrían que destinar la ayuda económica necesaria para que se transformen en un activo económico y cultural estratégico.
- ¿Te preocupa la crisis en la circulación y comercialización de la cultura que estamos atravesando en la Argentina?
- El capital humano es lo más importante que tiene una Nación. No existe en la Argentina, a diferencia de Europa, una “cultura del museo” promovida desde los centros educativos. Esto tiene que ser una política nacional que se implemente desde los niveles iniciales hasta los universitarios. Necesitamos educar en el arte y en la cultura que es una de las maneras más segura del crecimiento de cualquier pueblo.