La consulta llegó desde una familia que vive en el exterior y tiene una buena posición económica. Habían detectado un faltante difícil de dimensionar: U$S1,5 millones habían desaparecido de una cuenta bancaria y, detrás de la extracción, estaba uno de sus hijos.
El adolescente, según contó el psicólogo Alejandro Schujman a LA GACETA, se encontraba internado en un centro de rehabilitación. El especialista presentó el episodio como un caso extremo, pero lo utilizó para advertir hasta dónde puede escalar una conducta que comienza con apuestas aparentemente ocasionales y avanza sobre la plata y las relaciones de toda una familia.
Schujman, licenciado en Psicología y especialista en familia y vínculos, explicó que la necesidad de seguir apostando o de recuperar lo perdido puede llevar a los jóvenes a buscar recursos donde ya no los tienen. “Empiezan a endeudarse y empiezan a sacar dinero donde no hay”, señaló en diálogo con este diario.
Apuestas ilegales: cómo operan los “cajeros” y por qué las páginas reaparecen tras los bloqueosEn las situaciones más graves, agregó, algunos adolescentes venden pertenencias de sus padres o acceden sin autorización a las cuentas bancarias familiares.
Ganar tampoco detiene el circuito
La pérdida no siempre funciona como un freno. Puede activar el deseo de revancha y una nueva apuesta con la expectativa de recuperar rápidamente el dinero. Ganar, en tanto, también puede impulsar a continuar para repetir la sensación.
“No importa si gana o si pierde, el momento de la apuesta es de una dopamina intensísima”, afirmó Schujman. El especialista describió una secuencia en la que ambos resultados pueden alimentar el mismo circuito: después de una victoria aparece el impulso de obtener más y, tras una derrota, la necesidad de insistir.
En ese proceso, el límite puede desplazarse de manera gradual. “El adolescente va corriendo el límite y pasa con las apuestas, pasa con el alcohol y pasa con todo: va redoblando apuestas y nosotros, los adultos, somos el freno de mano para decir ‘hasta acá’”, sostuvo.
“Se van vendiendo cosas a escondidas”: la impactante revelación de alumnos tucumanos sobre las apuestas onlineLa disponibilidad permanente agrava el riesgo. El celular permite volver a apostar en pocos segundos y las billeteras virtuales reducen la percepción del dinero a cifras que entran y salen de una pantalla, sin que necesariamente exista un registro material de lo gastado.
Las señales
Antes de que se produzca una pérdida económica de gran magnitud, suelen aparecer cambios más cotidianos. Schujman mencionó variaciones abruptas en el estado de ánimo, irritabilidad, aislamiento, una atención excesiva al celular, deudas, faltantes de dinero o la desaparición de objetos de la casa.
Ninguna de esas conductas, considerada de manera aislada, demuestra que un adolescente esté apostando. Sin embargo, la combinación de varias justifica que los adultos se acerquen, pregunten y observen con mayor atención.
“Hablar con los hijos es el primer escalón”, planteó el psicólogo. Aclaró, de todos modos, que cuando existe una conducta problemática la conversación familiar puede no ser suficiente y resulta necesario recurrir a profesionales.
El acompañamiento tampoco debería recaer sobre una sola persona. “Cuando un adicto se enferma, solo se recupera en red”, afirmó Schujman, al destacar la importancia de articular el trabajo de la familia, las amistades, la escuela y los equipos de salud.
El caso de los U$S1,5 millones expone un desenlace extremo,pero para el especialista grafica cómo las apuestas online pueden dejar de ser una actividad escondida en el celular y avanzar sobre el patrimonio, la confianza familiar y la salud mental del adolescente.
Esta nota forma parte de una producción especial de LA GACETA que indaga en el fenómeno de las apuestas online entre adolescentes, sus formas de acceso, sus consecuencias y las responsabilidades de las familias, las escuelas, el Estado y las empresas del sector.