“En la pantalla pesa menos”: cómo el dinero digital facilita las apuestas entre adolescentes

BILLETERAS VIRTUALES Y APUESTAS. El dinero que antes se contaba en la mano hoy aparece como una cifra en la pantalla y puede hacer perder la noción de su valor.
BILLETERAS VIRTUALES Y APUESTAS. El dinero que antes se contaba en la mano hoy aparece como una cifra en la pantalla y puede hacer perder la noción de su valor.

Transferencias, billeteras virtuales y plataformas de apuestas conviven en un mismo celular. Seis estudiantes tucumanos contaron cómo esa facilidad puede hacer que se pierda la noción del dinero que está en juego.

Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Estudiantes de Tucumán advirtieron en TV cómo las billeteras virtuales y la pérdida de noción del dinero facilitan el acceso de los adolescentes a las apuestas online.
  • Según Unicef, uno de cada cuatro menores apostó alguna vez. La falta de efectivo físico y controles débiles permiten eludir restricciones de edad desde el celular.
  • La naturalización de estas prácticas genera deudas y adicciones tempranas, planteando un desafío urgente de regulación para familias, escuelas y el Estado.
Resumen generado con IA

Un adolescente pide una transferencia para comprar algo en el kiosco, pagar una salida o completar el costo de una juntada. El dinero llega en segundos y queda disponible en el mismo celular desde el que también puede entrar a una plataforma de apuestas.

No hay billetes que entregar ni una puerta que atravesar. Entre recibir la plata y usarla para apostar puede haber apenas unos pocos movimientos en la pantalla.

Las billeteras virtuales no explican por sí solas el crecimiento de las apuestas online entre menores, pero hacen más fácil el acceso al dinero. También pueden cambiar la forma de percibirlo: una cifra dentro de una aplicación no siempre tiene el mismo peso que los billetes en la mano.

Según el informe “Kids Online Argentina”, de Unicef, uno de cada cuatro adolescentes apostó alguna vez y seis de cada 10 conocen a alguien que lo hizo de manera virtual. Además, el 47% aseguró conocer plataformas y aplicaciones de apuestas online.

Aunque los juegos de azar están prohibidos para los menores de 18 años, el primer contacto puede ocurrir alrededor de los 13. La combinación entre celulares, billeteras virtuales y controles fáciles de esquivar ayuda a entender por qué las apuestas están tan cerca.

Para conversar sobre esta realidad, seis estudiantes tucumanos estuvieron en “Panorama Tucumano”, el programa de televisión de LA GACETA. Ahí contaron qué observan entre sus compañeros y analizaron de qué manera las transferencias y el dinero digital pueden facilitar el acceso a las apuestas.

Participaron Trinidad De Camillo y María Lucía Lazzarano, del Colegio Pablo Apóstol; Pedro Storari y Vladas Kazlauskas, del Colegio Sagrado Corazón; Agostina Denise Carrizo y Bianca Luna, del Colegio San Isidro Labrador. Los jóvenes habían trabajado previamente sobre el tema en el concurso “Territorio Digital: ¿Quién tiene el control?”, organizado por COMFYE.

En ese marco, realizaron talleres y actividades en sus escuelas sobre el uso responsable de la tecnología y los riesgos del entorno digital. Esa experiencia les permitió reconocer escenas que forman parte de la vida cotidiana de los adolescentes y que, al principio, pueden parecer inofensivas.

“Préstame en transferencia y te devuelvo en efectivo”

Cuando hablaron de apuestas, los estudiantes no describieron una práctica lejana. El dinero circula entre los adolescentes por medio del celular con la misma naturalidad con la que se pide prestado para comprar algo, pagar una salida o completar una juntada.

“Lo veíamos súper cotidiano, desde escuchar: ‘Préstame plata en transferencia, que yo te la devuelvo en efectivo’”, contó Trinidad. Ese pedido puede no tener ninguna relación con el juego, pero la misma facilidad para mover dinero también permite cargar saldo en una plataforma de apuestas.

No siempre hay una decisión anticipada de jugar. El teléfono hace que una acción pueda llevar rápidamente a la otra: recibir una transferencia, tener plata disponible y encontrar una plataforma a unos pocos movimientos de distancia.

Bianca puso el foco en esa facilidad. “Influye a la hora de apostar, porque no tenés que ir a un lugar determinado, sino que lo hacés desde tu celular”, explicó.

Tener el dinero y utilizarlo para apostar ocurre ahora dentro de una misma pantalla. Las barreras que existían en el juego presencial prácticamente desaparecen cuando todo puede resolverse desde el teléfono.

Cuando el dinero “pesa menos”

Los estudiantes también hablaron de la forma en que se percibe el dinero digital. Al dejar de verse y tocarse, la plata puede convertirse simplemente en una cifra dentro de una aplicación.

Trinidad lo explicó con una comparación: “Si vos a un chico de 12 o 13 años le das $10.000 en efectivo, capaz que imagina miles de cosas en las cuales usarlo”. Con los billetes en la mano puede pensar en todo lo que compraría, pero la sensación cambia cuando esa suma aparece como un número en el celular.

“Al ver los números en una billetera virtual es como que pesa menos, o sea, importa menos”, señaló. Esa distancia puede ser todavía mayor cuando el dinero proviene de los padres y no fue conseguido por el propio adolescente.

“En esa situación es muy fácil caer y decir: ‘Estoy usando esta plata, que son números en mi celular, para jugar, para pasar el rato’, y como que se pierde noción”, agregó Trinidad. El saldo sigue apareciendo en la pantalla, pero puede resultar más difícil pensar qué representa fuera de ella.

Para Bianca, esa percepción se combina con la facilidad de acceso. El dinero, la transferencia y la apuesta están concentrados en el mismo dispositivo, sin demasiadas instancias que obliguen al usuario a detenerse y pensar cuánto está dispuesto a arriesgar.

Una barrera que desaparece

María Lucía marcó otra diferencia entre las apuestas presenciales y las digitales. Para entrar a un casino hay que trasladarse, atravesar una puerta y demostrar que se tiene la edad permitida; en internet, esos controles pueden ser más fáciles de esquivar.

“Los casinos físicos, por ejemplo, están controlados y tenés que tener una cierta edad para ingresar. Hay una barrera. En el caso de las billeteras virtuales o juegos online puede entrar cualquiera, porque falsifican la edad”, explicó.

En las plataformas digitales, la operación puede durar apenas unos segundos. No hace falta hacer una fila, hablar con otra persona ni entregar billetes: el dinero puede convertirse en una apuesta desde la misma pantalla.

Esa comodidad también vuelve menos claro el límite entre el uso habitual del celular y una conducta de riesgo. Una práctica problemática puede empezar dentro de acciones tan comunes como pedir una transferencia o revisar cuánto saldo queda disponible.

El valor aparece cuando la plata se pierde

Para muchos jóvenes, la dimensión real del dinero vuelve a aparecer cuando llega la pérdida. Pedro recordó el caso de una persona que, durante el Mundial 2026, perdió más de $50.000 en apuestas.

“La reflexión de que pierden plata llega tarde. Entonces, por ahí, cuando ganan no se dan cuenta de lo que hacen, pero cuando pierden es cuando les cae la ficha de que lo que están haciendo cuesta”, contó.

Mientras el dinero continúa siendo un número en la pantalla, puede resultar más fácil perder la noción de su valor. El golpe aparece cuando ese saldo disminuye o desaparece.

María Lucía recordó un caso todavía más grave que había conocido a través de una amiga. El hermano de la joven había comenzado a vender objetos de la casa sin que sus padres lo supieran para pagar deudas generadas por las apuestas.

La situación ya había dejado atrás las transferencias ocasionales y el juego “para pasar el rato”. La necesidad de recuperar lo perdido había comenzado a afectar a toda la familia.

A pocos segundos de distancia

Los casos que compartieron los estudiantes mostraron un recorrido que puede empezar con una acción habitual: una transferencia entre amigos, un saldo disponible o una apuesta ocasional. Después pueden aparecer una ganancia que invita a seguir y una pérdida que obliga a reconocer cuánto dinero estaba realmente en juego.

La comparación de Trinidad resume esa diferencia. Diez mil pesos en la mano pueden convertirse en una comida, una salida o varias compras; dentro de una aplicación pueden parecer solamente un número, y entre ese número y una apuesta puede haber apenas unos segundos.

Este artículo forma parte de una producción especial de LA GACETA que analizará, a través de distintos envíos, el crecimiento de las apuestas online entre menores. La serie abordará sus formas de acceso, sus consecuencias y los desafíos que el fenómeno plantea para las familias, las escuelas, el Estado y las propias plataformas.

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