Los delitos económicos, desde la pandemia, han tenido un crecimiento exponencial en todo el país. Tucumán no quedó ajena a este fenómeno. Meses atrás, un jefe policial hizo una profunda reflexión. Aventuró que no falta mucho tiempo para que haya más investigadores dedicados a estos ilícitos que los que están encargados de esclarecer robos. El abogado penalista Ernesto García Biagosch resumió en una frase lo que está sucediendo: “el incremento de las estafas no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una ‘tormenta perfecta’ donde convergen factores económicos, tecnológicos y sociológicos. La crisis económica y la inflación en Argentina actúan como catalizadores y hay un aprovechamiento de ese escenario”.
Expertos sostienen que el uso de la tecnología para realizar cualquier transacción o inversión ayudó a generar este aumento de casos. Aseguran que hay un “ejército” de personas que se la pasan el día entero buscando mecanismos para concretar el engaño. Como contrapartida, el Estado no tiene la misma agilidad para luchar contra estas organizaciones.
En Tribunales reconocen que no hay recursos humanos ni tecnológicos para presentarles batalla a estas estafas. También consideran que las leyes no se adaptaron a esta nueva realidad. Al ser las condenas leves, la mayoría de las veces los autores terminan reincidiendo. Además, los abogados entienden que los tiempos que maneja la Justicia no son los mismos que tienen los denunciantes. Encontrar una respuesta puede tardar meses o años. No se está hablando de una condena ejemplificadora, sino de recuperar -cuando es posible- los fondos perdidos.
Como ocurre con la inseguridad, en la mayoría de los casos se actúa cuando el hecho está consumado. Es importante que haya campañas de educación financiera para mitigar las maniobras de estas características.
Hoy, por ejemplo, un niño o un adolescente usa billeteras virtuales para realizar sus gastos. Los especialistas sostienen que, además de modificar las leyes, será clave exigirles a las entidades financieras que extremen las medidas de seguridad para que no sigan sumándose víctimas. En uno de los tantos casos registrados en los últimos tiempos, una víctima se quejó porque, físicamente, un banco le negó un préstamo personal, pero un desconocido que le robó la identidad pudo conseguirlo a través de una publicación.
La tecnología avanza a una velocidad que el delito supo aprovechar. El Estado no puede seguir corriendo detrás de los estafadores. Si no logra anticiparse, cada nueva herramienta que facilite una operación también puede convertirse en una nueva oportunidad para quienes viven de engañar a los demás.