Los fuertes terremotos registrados en Colombia y Venezuela volvieron a poner bajo la lupa la actividad sísmica de una región atravesada por una compleja dinámica tectónica. ¿Por qué se producen allí movimientos de semejante magnitud? ¿Y qué tiene que ver ese fenómeno con Tucumán?

Cecilia Spagnuolo, doctora en Geología, docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigadora del Conicet, explicó a LA GACETA que la respuesta está en el movimiento permanente de las placas tectónicas.

Ambos movimientos, separados por apenas un mes y medio, volvieron a poner en discusión la capacidad de los países de la región para enfrentar este tipo de eventos. Por eso, resulta clave informarse sobre qué sucede durante el fenómeno y saber reconocer las situaciones de riesgo. “Los sismos se dan en Venezuela y Colombia principalmente porque son límites entre placas tectónicas”, señaló Spagnuolo. En esos sectores, el desplazamiento de las placas hace que se acumule energía. Cuando esa energía finalmente se libera, puede hacerlo de manera repentina y provocar un terremoto.

“Son como bloques de un rompecabezas que se están moviendo uno con respecto al otro”, explicó Spagnuolo. Las placas tectónicas son grandes bloques de la litósfera, la capa más externa y rígida de la Tierra, que se desplazan constantemente unas respecto de otras. Según un informe de la Universidad Politécnica de Madrid, el riesgo sísmico es una de las amenazas naturales que más atención social reclaman: “el fenómeno es natural, pero el desastre no es natural”, sostienen desde la institución, que identifica tres claves para explicarlo: el dónde, el cómo y el cuándo.

El “dónde” remite a la Tectónica de Placas, la teoría según la cual la corteza terrestre está formada por grandes placas en movimiento continuo. La mayoría de los epicentros se ubican en los márgenes de esas placas, donde se concentran las fallas geológicas, zonas frágiles de la corteza cuya ruptura da origen al sismo.

El “cómo” se explica por la teoría del Rebote Elástico, formulada en 1911 por el geofísico Harry Fielding Reid: los esfuerzos se acumulan en una falla hasta superar el límite de resistencia del material, y la energía se libera bruscamente en forma de ondas sísmicas que viajan desde el foco hasta la superficie.

Dificultad

El “cuándo” es la mayor dificultad para la ciencia: no hay forma de predecir con precisión el momento ni la magnitud de un próximo evento, aunque existen señales aisladas como el gas radón, microterremotos o conductas anómalas en animales.

Durante un sismo, la oscilación de lámparas, el crujido de muros o el bamboleo de líquidos son señales de alerta. En la costa, el retiro repentino del mar anticipa un posible tsunami y obliga a dirigirse hacia zonas elevadas. Después del movimiento principal, las réplicas, las grietas en las paredes o el olor a gas exigen evacuar de inmediato.

Los especialistas recomiendan tener siempre un kit de emergencia con agua potable, alimentos no perecederos, botiquín de primeros auxilios, linterna con baterías, radio portátil, documentos personales en bolsas impermeables, dinero en efectivo, mantas, mudas de ropa, cargadores portátiles y un silbato para pedir auxilio.