Antes de los Balones de Oro, la Copa del Mundo, los premios de máximo goleador o los torneos ganados, hubo un padre que creyó cuando el sueño parecía muy grande. También hubo clubes, algunos que en un principio no creyeron, pero pronto se encontraron con lo inesperado. Detrás de ello también estuvo un progenitor que apostaba ciegamente por su hijo, al que ya no le sorprendían sus habilidades extrahumanas y que no dudó en mostrarlo al mundo. Antes del Barça, del PSG o del Inter Miami, Jorge Messi se plantó en el Club Atlético River Plate, que después de cierto descreimiento intentó llevársalo.

Video: así fue la llegada de Leo Messi a Rosario para el último adiós a su padre Jorge

La muerte de Jorge Messi conmocionó al mundo del fútbol y las anécdotas cobran otra dimensión tras aquella pérdida. Allá por el año 2013, en una entrevista periodística, el padre de Lionel —quien ya se había consolidado como su representante— recordó el día en que decidió apostar por una prueba en River Plate. Aquella memoria volvió a salir a la luz tras conocerse la triste noticia de su deceso, revelando uno de los momentos más particulares en los comienzos de la carrera de su hijo.  

El último de la fila en Núñez

Cuando el pequeño astro tenía apenas 13 años, en el año 2000, su padre lo llevó por su cuenta a Buenos Aires para probarse en las inferiores del Millonario. En aquel relato, Jorge contó con detalle cómo llegó Leo en medio de un malón de chicos que también buscaban una oportunidad: “Formó una fila de jugadores que estaban a prueba. A él lo vieron, como era el más chiquito, y le dijeron: ‘Ponete ahí, ¿no? Último’”, recordó. Allí estaba el mejor del mundo, sin aún saberlo, esperando su turno para mostrar cómo jugaba al fútbol, algo que ya conocía de memoria.

Lionel era el último de la fila y pasaban los minutos sin que nadie lo llamara. Jorge narró que observaba la situación desde afuera y que incluso le aconsejaba a su hijo que se acercara al alambrado para intentar que lo vieran antes de que terminara la práctica.

Dos toques para cambiar la historia

Finalmente, el encargado de supervisar el entrenamiento se dio vuelta, posó la mirada sobre el pequeño rosarino y le preguntó de qué jugaba. “Media punta, enganche”, le respondió Leo. Casi por cumplir y “sin darle demasiada importancia”, según rememoró Jorge, le dio la indicación de ingresar al campo para ocupar un lugar.

Bastaron solo un par de minutos para que la rutina del ensayo se viera sacudida por completo. Lionel recibió la pelota e hizo lo que para la familia ya era costumbre, pero para los captadores resultaba un espectáculo inédito. “Cuando recibió el balón, hizo dos o tres cosas que para nosotros eran normales, ya que él jugaba así”, contó Jorge.

La negociación con Newell's que no prosperó

La reacción de uno de los responsables del examen fue inmediata. “El que estaba manejando esta situación lo miró así y dijo: ‘¿Quién es el padre?’”, relató Jorge. Él levantó la mano y se identificó. Entonces llegó una pregunta que podía cambiar el rumbo de la carrera del crack: “En dos pelotas que tocó, porque hizo ‘tac, tac’ y le pegó al arco, el arquero tuvo que esforzarse”.

Después le preguntaron si podían llevarse a Lionel desde Newell’s para sumarlo a River. Sin embargo, cuando le consultaron si era posible ficharlo de inmediato, Jorge fue claro sobre la situación contractual de su hijo: “La verdad es que está en Newell's. Si ustedes manejan la situación y hablan con ellos para traerlo y tramitar el pase, no hay ningún problema”.

El viaje que cambió el destino hacia La Masía

Detrás de aquel viaje a la Capital Federal había una urgencia concreta. Lionel brillaba en las infantiles de la Lepra —donde contabilizaba más de 200 goles desde su fichaje en 1994—, pero la institución rosarina había dejado de costear el tratamiento hormonal que el chico necesitaba para su crecimiento. Ante esa encrucijada, y tras la sugerencia del captador Federico Vairo, Jorge asumió el rol de mentor y coordinó la prueba en River bajo la tutela del técnico Eduardo Abrahamian.

A pesar del deslumbrante ensayo y del deseo del cuerpo técnico juvenil de River por sumarlo a sus filas, las negociaciones para destrabar el pase con el club rosarino no llegaron a buen puerto. La historia, de todos modos, tenía preparado otro destino. Pocos meses después de aquel episodio en Buenos Aires, en septiembre de 2000, Jorge volvió a armar las valijas para acompañar a su hijo en una travesía aún más ambiciosa: el viaje a España que culminaría con la mítica firma en la servilleta junto a Carles Rexach y el ingreso de Lionel a La Masía del Barcelona.