El famoso político y periodista francés Georges Clemenceau (1841-1929) hizo una visita de cinco días a Tucumán entre el 20 y el 25 de agosto de 1910. Recorrió la ciudad, visitó los ingenios Santa Ana y Lules; estuvo en la escuela Normal; participó en una cacería de loros; puso la piedra fundamental de “una nueva escuela francesa de Tucumán” en Junín entre San Juan y Santiago y fue homenajeado por la comunidad francesa.

Clemenceau era muy famoso. Como periodista había dirigido el períodico L’Aurore, que publicó el célebre “J’acusse” de Emile Zola en defensa del caso Dreyfus, y fue, de 1906 a 1909, primer ministro de Francia. Al final de la Primera Guerra Mundial volvería a participar en la política francesa. Le decían “El Tigre”, por su agresiva personalidad de polemista y formidable orador.

En sus “Notas de viaje por la América del Sud”, dedicaría varias páginas a Tucumán, “de casas bajas y calles de tierra”. La definió como “ciudad muy comercial. País accidentado. Altas montañas. Llanuras fértiles, muy favorables a la altura de la caña, del tabaco, de la naranja y de las más bellas flores. Grandes y nobles bosques que devastan despiadadamente para alimentar las fábricas”.

Fue llevado por el gobernador José Frías Silva a conocer la Casa Histórica (foto), que en ese entonces sólo tenía el Templete de la Jura (sería reconstruida en 1942). Dijo que era “más modesta pero no menos gloriosa que la que se honra en Filadelfia”. “Para conservar el modesto edificio, hoy objeto de la veneración pública, se lo ha envuelto en una gran construcción que lo pone al abrigo de todo”.

Sus compatriotas le ofrecieron una gran recepción “en una bella sala de teatro” en la Sociedad Francesa y en el acto de la colocación de la piedra basal de la futura escuela (que nunca se construyó) quedó admirado de la ”numerosa y bella concurrencia”, que daba testimonio “con sus grandes sombreros emplumados, de que Tucumán, en suma, no está muy lejos de París”. Contó que le divirtió ver cómo las pequeñas escolares cantaban La Marsellesa. “Al exponer mi satisfacción observo que todas aquellas boquitas argentinizan, con un ligero acento, el himno. ‘No es extraño’, me hace observar el profesor, ‘¡No saben una palabra de francés!’”.

Más información en notas de Carlos Páez de la Torre (h): “La escuela francesa”, LA GACETA, 25/03/2003; “Visita de Clemenceau”, 27/03/2006 y “1910; y “Clemenceau en Tucumán”, La Tarde, 18/12/1996.