Cinco partidos. Cero goles en contra. Más de 450 minutos con el arco blindado. El dato actual de Atlético Tucumán habla de algo más profundo que una simple estadística. El recorrido que comenzó en el cierre del torneo pasado frente a River, continuó en Rosario contra Talleres por Copa Argentina y se afianzó en este inicio del Clausura ante Independiente Rivadavia, Central Córdoba y Huracán es un hito importante para el conjunto de 25 de Mayo y Chile.
Durante el exitoso ciclo de Ricardo Zielinski entre 2017 y 2020, o en la campaña del título de la Primera B Nacional 2015 con Juan Manuel Azconzábal, el equipo nunca pudo pasar de los cuatro partidos consecutivos con la valla en cero. Pese a las buenas actuaciones de Cristian Lucchetti, Alejandro 'Oso' Sánchez o Augusto Batalla, el quinto partido sin recibir goles nunca llegó. Que Julio César Falcioni lo haya logrado en apenas cinco meses de gestión es una señal fuerte.
La estructura sobre los nombres
Atribuir este presente únicamente a las intervenciones de Luis Ingolotti sería hacer una lectura incompleta del fenómeno. Si bien el arquero respondió con solvencia en los momentos determinantes y ya acumula 451 minutos imbatido, el invicto “decano” es la consecuencia de un plan colectivo.
El conjunto del “Emperador” construyó su fortaleza desde el orden táctico. El esquema 4-1-4-1, compacto y solidario, le imprimió al equipo un oficio que nace en el trabajo de presión de los mediocampistas y se afianza en el fondo. La dupla central conformada por Clever Ferreira y Luciano Vallejo logró una sincronía notable para dominar el juego aéreo y prevalecer en los duelos individuales. En los laterales, piezas como Maximiliano Villa, Ramiro Paunero o Ignacio Galván se muestran sobrios en las tareas defensivas. Pero el cerrojo no comienza en el área propia, sino bastante más adelante: el primer filtro lo construye la mitad de la cancha con el despliegue incansable de Renzo Tesuri, Leonel Vega y Lautaro Godoy. Ellos tres colaboran permanentemente en la marca en el centro del campo, presionan la salida rival, muerden para adueñarse de las segundas pelotas y evitan que la última línea juegue mano a mano. Además, de esa recuperación alta nace la confianza para atacar y salir con transiciones veloces explotando la gambeta de Nicolás Laméndola o la movilidad de Ramiro Ruiz Rodríguez o el propio Tesuri. Como remarcó Falcioni, no hizo falta “poner el colectivo bajo el arco” para transformarse en un equipo inexpugnable.
El espejo de la historia
Esta racha importa por lo que la historia dice sobre lo que puede venir. En las contadas ocasiones en las que el “Decano” alcanzó o superó esta marca en la era moderna, el club terminó peleando por algo grande.
El antecedente más distante data de 2009, cuando Lucas Ischuk concatenó 575 minutos sin recibir goles en la B Nacional. Aquel equipo conducido por Héctor Rivoira convirtió la firmeza defensiva en uno de los pilares del ascenso a Primera División y la consagración en ese torneo.
En la máxima categoría, el fenómeno se repitió dos veces en años recientes. En la Liga Profesional 2022, bajo la conducción de Lucas Pusineri, Carlos Lampe acumuló 590 minutos imbatido (tras mantener el cero ante Vélez, Gimnasia, Aldosivi, Sarmiento, Independiente y Newell’s). En aquel torneo, Atlético Tucumán peleó el campeonato hasta las últimas fechas y quedó a solo un punto de clasificar a la Copa Sudamericana.
Un año más tarde, en 2023, Tomás Marchiori fijó el récord máximo de la institución en AFA al elevar la vara a 760 minutos sin encajar goles durante el ciclo de la dupla Favio Orsi - Sergio Gómez (frente a Unión, Huracán, Gimnasia, Newell’s, Independiente, Central Córdoba, Rosario Central e Instituto). Esa racha no solo superó el histórico registro local de Roberto Ponce —quien sumó 647 minutos invicto en la Federación Tucumana de Fútbol en 1969—, sino que sostuvo una campaña que dejó al equipo en el 13° lugar de la tabla anual, al borde de la clasificación continental por diferencia de gol.
Mirar hacia arriba
La estadística marca una tendencia clara en el universo “decano”: cuando el arco permanece cerrado durante cinco partidos seguidos, el equipo deja de preocuparse por la permanencia y empieza a mirar la parte alta de la tabla. Con el choque ante Sarmiento en el Monumental José Fierro y el cruce eliminatorio frente a Independiente por la Copa Argentina en el horizonte, el conjunto de Falcioni demostró que construyó cimientos sólidos. El torneo recién empieza, pero como muestra la historia, este tipo de rachas defensivas son augurio de un camino prometedor.