El Vaticano confirmó de manera oficial que el papa León XIV realizará un viaje apostólico a la Argentina del 8 al 11 de noviembre de 2026, haciendo escalas en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Luján. La gira continental, anunciada por el vocero de la Santa Sede, Matteo Bruni, se extenderá del 6 al 17 de noviembre e incluirá también a Uruguay (Montevideo, Paysandú y Florida) y Perú (Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa).

El recorrido del pontífice —el primer papa agustino y nacido en Estados Unidos, pero con nacionalidad peruana y una amplia trayectoria misionera en la región— concreta un anhelo que su antecesor, Francisco, no llegó a realizar. De esta manera, el país volverá a recibir a la máxima autoridad de la Iglesia Católica tras una pausa de 39 años, cuya última referencia se remonta a los viajes de san Juan Pablo II en 1982 y 1987.

Para entender la magnitud de lo que significa la llegada de León XIV, es necesario rebobinar la cinta hasta los días en que Karol Wojtyla desafió la logística y el dolor para abrazar a la Argentina.

Junio de 1982: El Papa entre el fuego y la lluvia

La primera vez que la Argentina vio a un Papa fue bajo el cielo plomizo de un invierno desesperado. Juan Pablo II aterrizó en Ezeiza el 11 de junio de 1982. No era una visita de celebración; era una misión de emergencia. Con la Guerra de Malvinas desangrándose en el Atlántico Sur y la rendición apenas a tres días de distancia, Karol Wojtyla llegó para ofrecer un consuelo que la política ya no podía dar.  

Fue una maratón de 30 horas. El Papa, que el año anterior había sobrevivido a cuatro balazos en la Plaza de San Pedro, se movía en un Papamóvil improvisado: una grúa Ford blindada a toda prisa por mecánicos argentinos. En la Basílica de Luján, frente a una multitud que lloraba bajo la lluvia, su voz tronó pidiendo por la paz. Antes de irse, en el Monumento de los Españoles, reunió a dos millones de personas en una de las mayores concentraciones de nuestra historia. Se fue prometiendo volver, dejando a un país que, horas después, firmaría la rendición en las islas.

Abril de 1987: Una primavera de fe en democracia

Cinco años después, el reencuentro fue distinto. La Argentina ya no era un campo de batalla, sino una democracia joven que intentaba sanar. En abril de 1987, Juan Pablo II cumplió su promesa con una gira que duró seis días y que, por primera y única vez, fue verdaderamente federal.  

El Papa no se quedó solo en Buenos Aires. Voló a Bahía Blanca, bendijo los campos de Tucumán, sintió el calor de Corrientes y el viento de Viedma. En Mendoza y Rosario las multitudes fueron inabarcables. En Salta, protagonizó uno de los momentos más emotivos al reunirse con los pueblos originarios, reconociendo su dignidad frente a miles de personas. En Córdoba, enfrentó los debates de una sociedad que cambiaba, hablando sobre la familia en plena discusión por la Ley de Divorcio.  

Aquella visita cerró con un hito mundial: la primera Jornada Mundial de la Juventud fuera de Roma. La Avenida 9 de Julio se transformó en una catedral a cielo abierto. Al partir, su "¡Hasta siempre!" sonó a despedida final. Y así fue: ni él, ni el intelectual Benedicto XVI, volverían a pisar estas tierras.

La foto del día en que los papas Francisco y León XIV celebraron misa juntos en Buenos Aires en 2006

El largo silencio de Francisco

Lo que siguió fue un capítulo inesperado. En 2013, un argentino llegó al trono de San Pedro. La expectativa era total, pero Jorge Bergoglio nunca regresó. Durante 12 años, Francisco priorizó las naciones en crisis, las periferias olvidadas y los países donde el catolicismo era minoría. Su decisión de evitar la Argentina para no ser un factor de división en la "grieta" política dejó a muchos fieles con una sensación de orfandad. Su fallecimiento en 2025 cerró una era sin el retorno del hijo pródigo.

2026: El horizonte de León XIV

Hoy, el aire cambió. Robert Francis Prevost, el actual Papa León XIV, asumió con un estilo que combina la calidez latina con una visión global renovada. Su pasado como misionero en Perú le da una ventaja que sus antecesores europeos no tenían: entiende el lenguaje de esta tierra.  

La confirmación de su visita para los próximos meses no es solo un evento religioso; es la oportunidad de cerrar un ciclo de 39 años de ausencia. Cuando León XIV aterrice en Buenos Aires, no solo estará visitando un país, estará rescatando una tradición de cercanía que se perdió en el tiempo. La historia espera, y los argentinos, una vez más, miran al cielo esperando el avión que traiga la bendición de Roma.