El conflicto generado por el fallido proyecto para incorporar capitales privados a los ingresos futuros de los Mundiales no solo profundizó la pelea entre la FIFA y la UEFA. También abrió un interrogante que hasta hace algunas semanas parecía impensado: ¿puede Gianni Infantino perder la presidencia del organismo?

La respuesta, por ahora, es compleja. No existe un mecanismo automático que permita destituir al dirigente suizo por el rechazo que generó la iniciativa conocida como FIFA Forward Enterprise (FFE), pero el escenario político cambió de manera significativa.

Desde la UEFA consideran que la confianza en Infantino quedó seriamente dañada. En el comunicado difundido tras la retirada del proyecto, el organismo europeo sostuvo que el presidente de la FIFA perdió el respaldo de una parte importante del fútbol mundial y advirtió que "ninguna opción debería descartarse" respecto de su continuidad.

Ese mensaje fue interpretado como la señal más fuerte de confrontación desde que Infantino llegó a la presidencia en 2016.

El respaldo que todavía sostiene a Infantino

Pese a la presión que ejerce Europa, el dirigente todavía conserva una base política importante dentro de la FIFA.

La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y la CONCACAF cuestionaron el proyecto para privatizar parte de los ingresos del Mundial, pero eso no implica necesariamente que impulsen un cambio de conducción.

Además, Infantino mantiene uno de sus principales apoyos en África, donde históricamente construyó una sólida red de alianzas, y también cuenta con el respaldo de la CONMEBOL.

En Sudamérica, varios dirigentes valoran especialmente su propuesta de ampliar el Mundial 2030 a 64 selecciones, una medida que beneficiaría a los países organizadores del centenario y que fortaleció su relación con la confederación presidida por Alejandro Domínguez.

¿Qué tendría que pasar para que deje la FIFA?

En términos institucionales, desplazar a un presidente de la FIFA no resulta sencillo.

Infantino fue reelegido sin oposición en 2023 y, hasta el estallido de esta crisis, todo indicaba que volvería a presentarse en el Congreso de 2027 con amplias posibilidades de continuar en el cargo.

Para que su continuidad quede realmente comprometida debería producirse un cambio profundo en el mapa político del organismo, con una pérdida de respaldo entre las seis confederaciones y un bloque mayoritario dispuesto a impulsar un reemplazo. Por ahora, ese escenario todavía parece lejano.

Sin embargo, la crisis provocada por el intento de privatizar parte de los ingresos del Mundial dejó una certeza: por primera vez en varios años, la figura de Infantino dejó de parecer intocable. Su futuro dependerá menos de los resultados deportivos y más de la capacidad que tenga para reconstruir las alianzas políticas que sostuvieron su liderazgo durante la última década.